En la historia moderna de nuestro país no ha habido un Presidente que recibiera una nación en peores condiciones económicas que Miguel de la Madrid. En 1982 la inflación estaba en 98.8% anual, el déficit fiscal era 17% del PIB, el desempleo llegaba a 10% de la población activa y el peso había perdido más de 50% de su valor en el año anterior. La deuda externa sumaba 87,500 millones de dólares y la economía crecía a tasas negativas.

Miguel De la Madrid enfrentó esta crisis con una agenda de cambios estructurales. Podríamos decir que el tamaño de la crisis explica los cambios, pero no podríamos entenderlos plenamente sin comprender a este personaje: fue un gran reformador que muchos no reconocen como tal por la sobriedad de su estilo.

En su sexenio se revirtió la nacionalización de la banca, el número de empresas públicas pasó de 1,155 a 444 y se redujo el tamaño del aparato administrativo del gobierno federal, con la salida de 80 mil funcionarios. Es en la Presidencia de De la Madrid que se inaugura la apertura comercial con la entrada de México al GATT en 1986. En administración pública, él impulsa la reforma al Artículo 115 constitucional para fortalecer la personalidad jurídica del municipio y establece la obligatoriedad de que los gobiernos estatales y el federal elaboren y presenten un plan de desarrollo.

Las dificultades económicas marcaron no sólo el comienzo de su sexenio sino la totalidad de un periodo que, con justicia, se conoce como la década perdida. Se enfrentó a condiciones internacionales adversas y también a desastres naturales, como el sismo de 1985, que costó más de 5 puntos del PIB. En 1986, los precios del petróleo bajaron hasta 9 dólares y en octubre de 1987 ocurrió un crack bursátil que golpeó a Wall Street y arruinó a miles de ahorradores mexicanos.

Miguel de la Madrid Hurtado fue el Presidente que simboliza la transición a la tecnocracia. Un hombre de traje gris que transformó el sector público y el sector externo sin grandes aspavientos.

Fotogalería: Un sexenio rodeado de polémica