Si afirmo: en la UNAM se fraguó la democracia mexicana, ¿exagero?

En su conferencia de prensa mañanera del 21 de octubre pasado, el presidente López señaló: “Yo quisiera avanzar más, no puedo porque fue mucho tiempo de atraso, de saqueo, pero además de manipulación, muchísimo tiempo. Afectaron dos generaciones, en las universidades públicas, hasta la UNAM se volvió individualista, defensora de estos proyectos neoliberales, perdió su esencia de formación de cuadros, de profesionales para servir al pueblo. Ya no hay los economistas de antes, los sociólogos, los politólogos, los abogados, ya no hay derecho constitucional, ya el derecho agrario es historia, el derecho laboral, todo es mercantil, civil, penal, todo es esto.” El día de hoy (22 de octubre) continuó el golpeteo que ahora extendió a todas las universidades públicas. 

Cabe preguntarse: ¿Por qué la descalificación a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)? En primer lugar, es claro que la UNAM, una institución que tiene raíces más antiguas que el México independiente, no ha perdido su esencia y esta nunca fue la de “formar cuadros para servir al pueblo”. Este lenguaje me recuerda a la vieja izquierda autoritaria o el viejo PRI, igualmente autoritario. La tarea de nuestra máxima casa de estudios, nombre que aún puede llevar con orgullo, es formar profesionales cada vez mejor capacitados para servir a la sociedad en un mundo que, nos guste o no, es cada vez más competido. Vaya que si ha cumplido esta tarea y no ha sido fácil. 

La UNAM ha soportado ataques externos e internos. Ha logrado soportar el autoritarismo de presidentes como Gustavo Díaz Ordaz o huelgas que amenazaron dar al traste con el nivel educativo y la vida institucional interna de la Universidad. También ha tenido que trabajar con presupuestos limitados. A pesar de esto, es imposible encontrar una rama económica, cultural o artística que no cuente con personas formadas por la UNAM. 

Afortunadamente, las universidades públicas y privadas se han multiplicado en los últimos años, muchas con buenos niveles educativos y gran compromiso social. La UNAM ya no está sola. Pero incluso universidades privadas con fama de elitistas, como la Iberoamericana o el Tec de Monterrey tienen un compromiso con sus comunidades y el país. Conozco varias personas que, habiendo estudiado una carrera en otras universidades, públicas o privadas, se hacen pumas al cursar maestrías, doctorados o especialidades que ofrece la UNAM. 

Hoy la UNAM tiene más de 350 mil alumnos de bachillerato, licenciatura, maestría, doctorado o alguna especialidad. Más de 40 mil académicos. Por otro lado, hay miles de alumnos de las más de 40 licenciaturas que se ofrecen en el Sistema Universidad Abierta y Educación a Distancia. Un dato: una de cada cuatro personas que obtiene el grado de doctorado en México lo hace en esta Universidad. Tres egresados de la UNAM han ganado el premio Nobel (Alfonso García, Octavio Paz y Mario Molina). La oferta cultural de la institución es amplia, museos, recintos y un acervo histórico y cultural muy rico. Todo accesible al público. O, como diría un demagogo, abierto al pueblo. La UNAM hace más por la cultura, las artes, las humanidades y las ciencias en un año que lo que hará este gobierno y sus universidades Benito Juárez en todo este sexenio. Esa es la verdad. 

Pero me quedo corto; la UNAM es mucho más que todo lo anterior. Para muchos jóvenes de escasos recursos representa la oportunidad de acceder a una educación completa si así lo desea. Hace muchos años, un maestro nos decía: en la UNAM puedes hacer la mejor o la peor carrera del mundo, depende de cada persona. 

Pero todo esto realmente no tiene que ver con la descalificación presidencial a la UNAM. Espero que tampoco tenga que ver con su grisura como estudiante. Fue un golpe político que sabía sería contestado. Fue una provocación que no se puede pasar por alto. Intelectuales, académicos, periodistas y muchos otros han salido al paso de las declaraciones de López Obrador. Panistas, priistas y de otras fuerzas políticas también. Extraña que morenistas antes comprometidos con la Universidad estén callados, por ejemplo, Juan Ramón de la Fuente ¿o será que la discusión no se escucha en New York? Como diría el propio mandatario: los morenistas están callados como momias, pero pronto saldrán a confirmar las palabras de su guía. 

Los roces entre la Universidad y el presidente no son nuevos, pero hasta ahora podían ser calificados como de baja intensidad. El de ahora no. Siendo una provocación externa y una cortina de humo, al interior de la UNAM es un llamado para que las fuerzas afines a la 4Tse movilicen. El año 2023 está lejos par cambiar rector, pero siempre puede haber movimientos que cuestionan a maestros, autoridades y al propio rector. Callar las voces críticas como lo está intentando hacer el presidente en todos los lugares. 

La UNAM no podía escaparse. Por la relevancia pública que tiene era lógico el golpeteo. Curioso que el gobierno que tiene contentos al FMI y al Banco Mundial, summum del neoliberalismo, llame neoliberal a una institución ejemplo de pluralidad.