La LCF permite enfrentar choques y riesgos externos para prevención de crisis que esencialmente no son producto de condiciones internas.

Recientemente se ha cuestionado si el Fondo Monetario Internacional (FMI) le renovará a México la facilidad de acceso financiero a recursos del fondo bajo la denominada Línea de Crédito Flexible (mencionado por Sergio Negrete Cárdenas en El Financiero). Ante confusiones y malas interpretaciones que el asunto ha atraído, caben algunas precisiones.

Esta línea de crédito, conocida como LCF, fue aprobada por el FMI en el 2009 con la finalidad de apoyar a aquellos países que tengan un marco sólido de políticas macroeconómicas y una trayectoria congruente de acciones conducentes a la estabilidad financiera. Así, la LCF permite enfrentar choques y riesgos externos para prevención de crisis que esencialmente no son producto de condiciones internas. La justificación es que son arreglos precautorios que le permiten al país que ha estado llevando a cabo buenas políticas sortear el acceso a los mercados mediante este sello de confianza por parte del FMI. Ha sido concedida a México, Colombia y Polonia, que la descontinuó en el 2017. Ningún país la ha utilizado y al hacerlo se cobran comisiones.

En caso de que se quieran utilizar recursos, el Directorio Ejecutivo evaluará la elegibilidad para ello, siendo el principal criterio que el origen del problema sea un choque externo. Tiene criterios muy claros al respecto, entre ellos, tener un track record de un acceso soberano continuo a mercados de capital bajo condiciones favorables y finanzas públicas sólidas con deuda sostenible (ver documento del FMI, 1 de junio del 2017).

México obtuvo esta línea en el 2009 (primero hasta por 86,000 millones de dólares) que se autoriza por dos años y se ha ido renovando continuamente. El 26 de noviembre del 2017 se obtuvo una nueva extensión y en noviembre del 2018, a petición de las autoridades mexicanas, la línea se redujo a 74,000 millones de dólares. En esa ocasión, la directora gerente Lagarde elogió la sólida posición fiscal, monetaria y de balanza de pagos del país.

Así, la LCF actual vence a fines de este mes y Herrera y Díaz de León están negociando la renovación. En su última evaluación bajo el articulo IV, el FMI externó dudas sobre varios aspectos del manejo de la política económica actual, sobre todo la preocupación sobre las finanzas de Pemex y su contaminación hacia las finanzas públicas. Ello ha sugerido que al interior del FMI se quiera reducir la línea, quizá a 40,000. Al final, por cuestión política, el FMI aprobará la línea (menor) pero posiblemente con un pronunciamiento serio sobre la situación de Pemex. Esto será tomado en cuenta por las calificadoras en su inminente ruta hacia la degradación de la deuda.

Deben quedar claros los criterios de elegibilidad para el uso de la LCF, pues no se podrán utilizar para enfrentar menores ingresos presupuestales derivados del menor PIB que resultará en el 2020.

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