En su primer año de gobierno el presidente López Obrador no ha viajado al exterior, se ha acercado a regímenes autocráticos o dictatoriales, y no se ha reunido con el presidente que representa al principal socio comercial de México.

De su agenda, el mundo ha desaparecido prácticamente y ha delegado en el secretario de Relaciones Exteriores su representación en eventos multilaterales como el G20 y la Asamblea de Naciones Unidas.

El presidente mexicano no habla del Acuerdo de París ni realiza matices sobre el acuerdo nuclear con Irán; es amigo del laborista Jeremy Corbyn pero no habla sobre el Brexit; fue el español Pedro Sánchez el primer presidente a quien invitó después de su toma de posesión, pero es al rey Felipe a quien le pide que se disculpe a nombre de España por lo ocurrido hace 500 años.

Bajo el lema de la “no intervención”, AMLO no dedica sus buenos deseos para encontrar soluciones a las crisis que viven países latinoamericanos: Perú con sus dos presidentes durante algunas horas; fraude electoral en Bolivia; estallidos de violencia en Chile y Colombia; manifestaciones en Ecuador y Honduras, entre otras.

Por el contrario, México se enorgulleció al reconocer la victoria ilegal de Evo Morales y le ofreció asilo político al personaje que creó una constitución para violarla.

En un año, México ha sido aplaudido por el régimen de Maduro y ha recibido agradecimientos públicos por parte Donald Trump en más de 40 ocasiones. En el primer caso, por haber dado un paso atrás del Grupo de Lima sólo para ofrecerle al dictador lo que más aprecia en estos momentos: tiempo. En el segundo caso, por haber creado un muro militar en la frontera con Guatemala, echando abajo la noble política migratoria.

México ha perdido estatura global y sus medidas se ajustan a la improvisación.

El secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, asegura que Estados Unidos ayudaría económicamente al triángulo centroamericano para detonar su desarrollo. Trump no sólo no ha ayudado a Guatemala, Honduras y El Salvador, en realidad, les ha suspendido programas de ayuda. A Jimmy Morales lo sometió a un acuerdo de tercer país seguro, mecanismo que con México realizó la prueba piloto, y, dado el éxito, Trump lo exportó a Guatemala y Honduras para arrinconar a El Salvador.

México ha ahogado sus palabras ante las represiones en Nicaragua y Venezuela. En la OEA, la representante de México, Luz Elena Baños Rivas, ha torpedeado todas las medidas que afecten a los dictadores Daniel Ortega y Nicolás Maduro.

Frente al eclipse mexicano de política exterior que al parecer durará seis años, poco se ha hablado de un plan estratégico en materia diplomática que ayude a diversificar las relaciones. ¿Sí a India y a China? ¿Cómo será la relación con Turquía, Japón y Rusia?

Marcelo Ebrard viajó en 26 ocasiones durante sus primeros 11 meses al frente de la SRE (datos de la Unidad de Transparencia de la propia secretaría); 16 de ellas al exterior y el resto al interior del país. Estados Unidos es el país que más veces ha visitado (cuatro). En una ocasión ha viajado a Marruecos, Perú, El Salvador, Uruguay, Italia, Alemania, Japón y China.

¿Qué ha aprendido México de la migración siria, afgana y eritrea durante los últimos meses? ¿México es más solidario que la Unión Europea en materia de asilo y refugiados?

¿Le interesa al presidente López Obrador el tema ecológico?

Hoy más que nunca México necesita del mundo, pero AMLO ha sacado a México del mundo.

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Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.