Quiero empezar con esta pregunta para usted mi estimado lector, ¿considera que obtuvo algún beneficio de la participación de nuestro país como anfitrión de la reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac)? salvo por los memes que corrieron en redes sociales y los videos sobre la posición de los presidentes de Uruguay y Paraguay en contra del régimen venezolano, no hubo mayor ganancia, entonces ¿de qué sirve pertenecer a este tipo de grupos?

La pertenencia a diferentes organizaciones, ha sido impulsada por los gobiernos en turno, desde la creación de Organización de las Naciones Unidas (ONU) y otros organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) o la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), nuestro país siempre ha estado presente e incluso, nuestra pertenencia a ciertos grupos y organismos se da de manera “natural”, por ejemplo, siendo parte de las 20 economías mas grandes del mundo, pertenecer al G-20 es algo “natural” o por el simple hecho de ser parte del Continente Americano, es “natural”, ser parte de la Organización de Estados Americanos (OEA) y lo recalco dado que, al ser una nación soberana podríamos tomar la determinación de no pertenecer a ningún grupo, pero, sería un grave error.

Cuando los países empezaron demandar productos fabricados en otras economías, la integración entre naciones y/o bloques regionales, comenzó a cerrar la brecha generada por las fronteras físicas. En otras palabras, hace muchos años, el comercio entre un país centroamericano y uno asiático era complicado, aunque no imposible, por la distancia geográfica; pero con la aparición de nuevas tecnologías y mecanismos de transporte, esa dificultad ha disminuido cada vez más, lo que ha generado una necesidad en los países por mantener el contacto con el resto del mundo y la forma más sencilla de asegurar y fortalecer esas relaciones es, la presencia y pertenencia a organismos como los antes mencionados.

Recordemos algo básico que sucede en la economía y que en este mismo espacio he mencionado en varias ocasiones. Punto importante para el crecimiento económico es, la atracción de inversión que genera infraestructura para la producción y por ende, requiere de capital humano para su operación lo cual genera empleos: mayor inversión = generación de empleos = mayor ingreso disponible de las personas = mayor demanda de productos = mayor consumo = aumento de la producción = crecimiento económico. Por lo tanto, la pertenencia a estos organismos permite cerrar tratos comerciales que genera flujo de inversión, las reuniones bilaterales entre presidentes y jefes de estado en el marco de esas cumbres y reuniones, puede potencializar la inversión en diferentes sectores económicos si y solo si, existen las condiciones en ambas naciones para enviar y recibir esos flujos.

La falta de estado de derecho, la incertidumbre económica y la inseguridad, son factores que alejan a la inversión, su presencia en una economía, la vuelve poco atractiva para los capitales, en el caso de México, las tres están presentes y ha generado además de la caída del flujo de inversión, la caída en indicadores relevantes como el índice de competitividad internacional publicado recientemente por el IMCO, pasamos del lugar 35 al 37 de un total de 43 países, siendo el indicador más golpeado el de relaciones internacionales, en donde de acuerdo con el instituto: “se retrocedió 10 lugares a causa de la caída en Inversión Extranjera Directa Neta y peor desempeño en el índice de libertad comercial”.

Entonces ¿cuál es la ganancia que obtuvimos por ser anfitriones de la Celac?  Ninguna como país, ninguna en el bolsillo de las familias; el motivo, la falta de estado de derecho, la incertidumbre económica y la inseguridad.

Ser parte de la OEA, la ONU, la Alianza del Pacífico, la APEC, la OCDE, el BID o el FMI; tener tratados comerciales con Estados Unidos, la Unión Europea o algún otro país, no arregla por si solo todos los problemas de la economía, es tan solo una parte de la solución, el resto, está dentro de las fronteras y al parecer la actual administración no quiere entenderlo.

*El autor es académico de la Escuela de Gobierno y Economía de la Universidad Panamericana, consultor en temas económicos y de administración pública.

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