Autor: 

Leonardo Álvarez

Perfil: 

Nació en Durango el 01 de octubre de 1976. Es Licenciado en Economía por la Universidad Autónoma de Guadalajara con especialidad en Desarrollo Regional. Cursó un Diplomado en Negocios Internacionales avalado por Georgetown University 2001-2002, y un Diplomado en Gerenciamiento Estratégico de Campañas Electorales por la Universidad Iberoamericana en 2006.

Se encuentra en el sector de la Consultoría Política y Económica al frente de la empresa GD Innovaciones y Consultoría, S.C.

A pesar de ser diestro, se desempeña como extremo izquierdo, le gusta el regate hasta línea final y trazar diagonales para generar mayor interés en las cuestiones públicas y empresariales para el desarrollo de Durango y de México.

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La reciente llegada del empresario mexicano Carlos Slim a la cumbre de los hombres más ricos del mundo ha sido recibida con indiferencia, pena y orgullo, por igual, entre los mexicanos. Sin embargo, por no saber lo que implica la existencia de monopolios públicos y privados en nuestra vida cotidiana, los mexicanos, al parecer, no sólo los aceptamos, sino que somos felices de tenerlos.

De acuerdo con datos de Parametría obtenidos del documento Entre la pena, el orgullo y la indiferencia por Slim , del 31 marzo 2010, la opinión de los mexicanos respecto al nombramiento de Slim como el hombre más rico del mundo según la revista Forbes se divide de forma semejante entre quienes manifiestan satisfacción, vergüenza o desinterés por el hecho. Así, quienes sienten orgullo por la posición de Slim representan el 30%, contra un 29% que experimenta pena y un 31% que manifiesta no sentir nada .

Sin embargo, el hecho relevante es que Slim es el hombre ideal para los negocios en México, por ello nuestro gobierno lo promueve de esa forma en eventos mundiales; pero el problema es que no le hemos preguntado al mundo qué es lo que piensa sobre Slim.

Nadie niega el valor que tiene como empresario, pero, por ejemplo, la diferencia entre Bill Gates y Slim es mucha y muy contrastante. Mientras que Bill Gates creó una empresa mundial, con poder monopólico, en base a una innovación y desarrollo de tecnología, como lo fue y ha sido Microsoft; Slim surgió a partir de la subasta de una empresa telefónica pública a precio de ganga que hoy es Telmex. Bill Gates desarrolló e innovó en una industria, y Carlos Slim aprovechó los nexos políticos y la corrupción para apoderarse de una paraestatal y pasar de un monopolio público a uno privado. Esa es la gran diferencia.

De acuerdo a datos de la Conaval, para un país que tiene a más del 50% de su población con estatus de pobre, donde prevalece la falta de inversión en innovación y tecnología, y donde el 10% de la población es dueña del 65% de la riqueza que produce nuestro país, es decir, un México desigual, esta realidad es muy dolorosa. Es producto de nuestra ignorancia y la abulia de nuestras autoridades. Y eso es lo que ven los extranjeros: un gobierno que no solamente tolera los monopolios, sino que los promueve.

Aún con estos cuestionamientos internacionales sobre la falta de competencia en la oferta de algunos mercados como la televisión abierta, telefonía fija y celular, cemento, refrescos y cerveza , para la mayoría de los mexicanos el tema del monopolio es algo desconocido y, a diferencia de lo que podría pensarse, la población se encuentra más bien satisfecha con los monopolistas u oligopolistas.

En este sentido, en otra encuesta reciente denominada Disfrutando en el país de los monopolios , del 29 de abril de 2010, Parametría registró que el 49% de los mexicanos prefiere que haya pocas empresas cerveceras, el 41% dice lo mismo de los servicios de telefonía fija, el 35% opina igual sobre la televisión abierta y de cable, y un tercio señala que es preferible tener a unas cuantas compañías en los sectores de telefonía celular, refrescos, cemento y pan.

México puede jactarse de tener al hombre más rico del mundo, pero también al gobierno más ineficaz y débil ante los monopolios públicos y privados. Gracias a ello tenemos una enorme concentración de poder en unas cuantas empresas y somos de los pocos países que pagamos los precios y tarifas más altas en combustibles, electricidad, teléfono, refrescos, telecomunicaciones, entre otros tantos productos. ¿Usted cree que así existen condiciones para que nacionales y extranjeros inviertan en nuestro país?

Por no saber lo que implica la existencia de monopolios públicos y privados en nuestra vida cotidiana, los mexicanos, al parecer, no sólo los aceptamos, sino que somos felices de tenerlos.