El Plan de Negocios de Pemex publicado esta semana no ofrece grandes sorpresas respecto a lo que ya se había anticipado en comentarios y presentaciones previas por parte de directivos de Pemex, la Secretaria de Energía y el propio presidente de la República.

Se trata de un plan extraordinariamente ambicioso. El gobierno de México ha decidido realizar una gran apuesta: invertir durante el periodo 2019-2021 ingentes cantidades de recursos en la explotación de decenas de nuevos campos, así como en el desarrollo de nuevas capacidades de refinación, con la expectativa de que durante el periodo 2022-2024 Pemex genere los ingresos suficientes que le permitan “retribuir” lo que se le invirtió. Es una apuesta de alto riesgo para las finanzas del gobierno y el equilibrio fiscal de corto, mediano y largo plazos.

Pemex pronostica un incremento de su producción de 1 millón de barriles en 6 años, algo nunca antes visto en la historia de Pemex (si se excluye la experiencia única de Cantarell). Si bien el plan no detalla los campos de los que provendrá ese monumental aumento de la producción de Pemex, apuesta particularmente al desarrollo de 22 nuevos campos descubiertos en los últimos años. Desgraciadamente, el plan no contempla nuevas rondas de subastas petroleras ni nuevos farmouts y se apuesta a los denominados “Contratos de Servicios Integrales de Exploración y Extracción (CSIEE)”, mismos que no suelen ser atractivos para las empresas líderes del sector en el mundo.

La apuesta es mayor y los riesgos también. Para comenzar, algo que sorprende del Plan de Negocios es que no se habla de la incertidumbre y los riesgos inherentes al sector petrolero. No existen trayectorias distintas a las de producir 1 millón de barriles adicionales y no parece existir un Plan B. Por si fuera poco, se cancelan los mecanismos contractuales que ofrecerían las mejores posibilidades de alcanzar dicha meta. Por último, no existe atisbo alguno de reconocimiento de la empresa del riesgo latente de que los yacimientos que hoy sostienen la producción declinen de manera más acelerada, especialmente Ku-Maloob-Zaap. ¿Qué pasa si, como en muchas otras ocasiones, no se cumple con las expectativas de producción?

No es todo. Igualmente notable es la ausencia en el plan de una evaluación de los riesgos externos. Si bien la economía norteamericana sigue mostrando fortaleza, las probabilidades de una recesión en los próximos 24 meses no pueden descartarse. De materializarse dicho escenario, ello impactaría a los precios del petróleo y a la economía mexicana, lo que a su vez se traduciría en menores ingresos para el gobierno federal y, por ende, la imposibilidad de invertir lo que el gobierno se ha comprometido para ampliar la producción.

En general, el plan de negocios de Pemex ofrece metas de producción extraordinariamente ambiciosas, que, en caso de no cumplirse, afectarán toda la cadena de valor de la industria, la viabilidad financiera de la empresa y las finanzas públicas del país. Cabe recordar que Pemex tiene un récord muy malo de cumplimiento de metas de producción.

Por el bien del país, esperemos que la temeraria decisión del presidente rinda frutos. Las probabilidades de fracaso, sin embargo, son muy elevadas.

*Expresidente de la Consar.