El sistema de partidos políticos en México agoniza. La culpa recae sobre quienes durante décadas se sirvieron de estas instituciones democráticas.

Es responsabilidad de los partidos postular a “los mejores” para contender por los cargos de elección popular; sin embargo, las dirigencias fracasaron y en múltiples ocasiones avalaron personajes que jamás debieron acceder a una candidatura. El mejor ejemplo en este momento es Nestora Salgado, señalada por la presunta comisión de diversos delitos, y, pese a ello, será senadora, postulada por ya saben quién.

El cúmulo de errores del pasado está entregando la factura en este periodo electoral. Increíblemente, la coalición por México al Frente, integrada por tres partidos, dos de ellos de los más fuertes y representativos en el país, no logra construir una alternativa competitiva para ganar la Presidencia de la República.

El voto útil aún puede darnos una sorpresa. No obstante, la debilidad del PAN y el PRD muestra el desencanto social y la falta de credibilidad.

Por lo que respecta a la coalición Todos por México, resulta que el gran partido, el Revolucionario Institucional, que fue capaz de resurgir en el 2012, nuevamente se encuentra frente a una sociedad escéptica y enardecida que, como si estuviese en el Coliseo romano, señala con el dedo pulgar hacia abajo pidiendo la ejecución.

Después del año 2000, muchos decían que jamás volvería; sin embargo, los grises gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón, aderezados por el carisma de un buen gobernador como lo fue Enrique Peña Nieto en el Estado de México, lo trajeron de vuelta, pero regresó herido, ya que durante 12 años (2000-2012) la ausencia de un auténtico liderazgo nacional en el PRI permitió a los gobernadores tomar decisiones sin contrapesos, ello les facilitó las designaciones de sus sucesores, que recayeron en personajes como Javier Duarte, en Veracruz; César Duarte, en Chihuahua, y Roberto Borge, en Quintana Roo. Herencias indeseables.

A pesar de que actualmente dos de esos exgobernadores están en la cárcel y uno prófugo, la condena pesa sobre el tricolor, que para una cantidad considerable de mexicanos siempre será el villano favorito. Por ello, la coalición Todos por México no ha logrado consolidarse hasta el momento como una alternativa real para ganar las elecciones.

Pero el síntoma más claro de la agonía de los partidos corresponde al Movimiento de Regeneración Nacional, que, como sabemos, pertenece a una sola persona: Andrés Manuel López Obrador, quien ha demostrado que las gotas de agua no rompen una piedra por su fuerza, sino por su perseverancia.

Morena es un mesías seguido por varios apóstoles y millones de fieles, quienes por 12 años han desvirtuado las buenas acciones de los gobiernos en turno y capitalizado sus desatinos. De la mano de una extraordinaria estrategia de comunicación, han evangelizado con la doctrina de la “mafia del poder” y la “república amorosa”.

Por lo anterior, es evidente el ocaso de los partidos políticos; nos encontramos en la antesala del caudillismo. Recuerdo que el año pasado llegó a rumorarse que el ingeniero Carlos Slim sería candidato a la Presidencia de la República y la noticia generó expectativas. Fue bien vista la posible llegada de un titán mexicano que pusiera en su lugar a Donald Trump. Todo quedó en un rumor, pero se evidenció que los mexicanos solicitan héroes, no más de lo mismo.

@Ernesto_Millan

ErnestoMillán

Columnista

Molinos de Viento

Licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma del Estado de México. Maestro en Dirección y Gestión Pública Local por la Unión Iberoamericana de Municipalistas. Ha ocupado diferentes cargos en gobierno federal, estatal y municipal por más de 20 años. Es Secretario Técnico del Consejo Consultivo de la Federación Nacional de Municipios de México (Fenamm) y Consejero Jurídico de la Comisión Unidos Contra la Trata A.C.