En este espacio se presentaron cifras que describen parte de la situación socioeconómica de la población mexicana, así como de sus hogares y viviendas. De esa información, se identificaron tres áreas de mejora, acceso a servicios de salud, educación e Internet.

En este contexto, la nota proporciona datos acerca de la distribución del gasto de los hogares, con la finalidad de mejorar la planeación de políticas públicas.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGASTO), en México existen 30.3 millones de hogares, que en promedio están conformados por 3.8 personas. Así, una familia mexicana reporta ejercer un gasto de 146,600 pesos anuales, es decir 38,600 pesos por persona, los cuales distribuyen en los siguientes rubros: 25.8% en alimentos y bebidas no alcohólicas; 19.7% en vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles; 12.9% en transporte; 8.3% en restaurantes y hoteles; 7.3% en bienes y servicios diversos; 5.3% en prendas de vestir y calzado; 5.1% en recreación y cultura; 4.5% en muebles, artículos para el hogar y para la conservación ordinaria del hogar; 3.8% en comunicación; 3.6% en educación; 3.0% en salud; 0.7% en bebidas alcohólicas, tabaco y estupefacientes.

Con base en lo anterior, es claro que los hogares mexicanos destinan la mayor parte de su gasto en alimentos y bebidas no alcohólicas. La pregunta que surge es, ¿en qué alimentos y bebidas en específico gastan los mexicanos? De acuerdo con la ENGASTO los principales bienes, que explican 80% del gasto en alimentos y bebidas no alcohólicas, son los siguientes: 21.2% pan y cereales; 20.0% carne; 14.9% leche, queso y huevos; 12.3% aguas minerales, bebidas refrescantes y jugos; y 11.6% verduras y legumbres, incluyendo papa y otros tubérculos.

En consecuencia, es de suma importancia la estabilidad de precios en los productos antes mencionados, ya que la volatilidad de precios genera problemas de seguridad alimentaria, afectando tanto los ingresos como el poder adquisitivo de los hogares.

A continuación, se describen cuatro instrumentos que ayudan en la disminución y control de la volatilidad de precios: 1) mejores mercados, a través de sistemas de información adecuados, normas claras para intervenciones oportunas del gobierno y mejor infraestructura física, que reduzca costos de transacción; 2) adecuado uso de políticas de comercio internacional, de manera que la aplicación de aranceles en importaciones y exportaciones sirva para regular precios domésticos; 3) impulso a la agricultura familiar, ya que este tipo de explotaciones tiene como uno de sus objetivos generar productos para el autoconsumo; 4) programas de protección social, los cuales ayudan a que la población menos favorecida garantice su acceso a la alimentación.

Con base en las cifras mostradas en esta nota, es importante mencionar que los que crean e instrumentan políticas públicas deben tener claro el uso de los diferentes instrumentos de control de precios, pero sobre todo, el sector, la rama y producto en el cual serán aplicados, para que su efectividad se refleje en el poder adquisitivo de los hogares mexicanos.

*Fredy Yair Montes Rivera es especialista de la Subdirección de Evaluación de Programas de FIRA. La opinión es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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