Con las crisis económicas del 2008 y del 2009 se redujo el financiamiento a las industrias, esto determinó que los participantes de las cadenas de transformación coordinaran sus actividades con otros participantes de la red de valor para mantener su nivel de competitividad y mantener su posición en el mercado.

Después del periodo de crisis, las industrias advirtieron las ventajas de establecer relaciones formales con sus principales vínculos comerciales.

La red de valor parte del concepto de cadena de valor en el que, en el caso de la agroindustria de alimentos, las fases van desde la adquisición de materia prima hasta el consumo final, pasando por la producción, la transformación y la comercialización de alimentos, agregando valor en cada fase.

La crisis financiera mundial que comenzó en el 2008 y, en particular, la crisis alimentaria (2007-2008) impactó a las agroindustrias a lo largo de la cadena de valor por la inestabilidad de precios; mercados cambiarios desfavorables; contracción del comercio internacional y cambio de patrones de consumo. A nivel internacional las agroindustrias mostraron una tendencia a concentrar sus actividades, manteniendo relaciones de negocio únicamente con proveedores y clientes más confiables que garantizaran el flujo de ventas y procesos de intercambio a menos costosos.

De la misma manera, para los pequeños y medianos productores tomó significado pertenecer a una red de valor, al representarles una mayor seguridad en sus transacciones de compra-venta; inclusión en canales de comercialización modernos; regularidad de suministros; cumplimiento en necesidades de logística en las que se requiere certidumbre en los términos de intercambio y condiciones contractuales claras.

De acuerdo al informe de resultados de diversos estudios de caso realizados por el IFPRI (International Food Policy Research Institute), la seguridad y fortaleza de la red la proporcionan los contratos. Sin embargo, en la producción agropecuaria las relaciones de negocio suelen ser informales y la posibilidad de establecer contratos depende del tipo de vínculo de negocio.

Existen tres tipos de vínculos de cooperación entre los productores y los agronegocios:

1. Vínculos primarios: incluyen una serie de acuerdos por la adquisición de materia prima, los términos o la naturaleza del contrato están definidos por la estructura de negocio de cada una de las partes y puede ir desde una compra a precios de mercado a contratos informales, formales, intercambio de activos o una integración vertical.

2. Vínculos secundarios: refieren acuerdos con proveedores de insumos o servicios como capacitación, transporte y almacenamiento; éstos son requeridos para productos de exportación o producto fresco que requieren cubrir altos estándares de inocuidad.

3. Vínculos transversales: son entre proveedores de servicios financieros, apoyos técnicos o sistemas de información de mercados, que aprovechan la eficacia de los acuerdos primarios y secundarios.

En la segunda parte expondré la relevancia de la existencia de contratos para formalizar el intercambio comercial entre los miembros de una red de valor.

*Angélica Fermoso Gómez es especialista en la Subdirección Técnica y de Redes de Valor de FIRA. La opinión es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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