Resuelto al cuarto para las 12, el problema de impuestos del llamado precipicio fiscal de Estados Unidos, ahora en Washington se escenifica otro juego de gallina entre el presidente Barack Obama y los republicanos, respecto del límite de la deuda soberana.

La deuda pública alcanzó a finales del año pasado el límite autorizado por el Congreso, de 16.4 trillones de dólares, si en los próximos días el Congreso no incrementa este límite, el gobierno podría verse forzado a suspender en marzo el pago de la nómina o del servicio de la deuda pública.

Obama ha vuelto a pedir se eleve el límite de la deuda porque el gobierno debe pagar gastos previamente autorizados por el Congreso; contundente, dijo que los republicanos no obtendrán un premio por llevar a la economía al borde del colapso. Los republicanos dicen que sólo lo elevarán después de que el Presidente se comprometa a recortar el gasto público. Se trata de una vieja historia.

Antes de la Primera Guerra Mundial no había límite de la deuda. Durante décadas el Congreso estadounidense autorizaba deuda para propósitos concretos, como financiar la guerra Española-Americana de 1898 o la construcción del Canal de Panamá. Sin embargo, la magnitud de gasto militar necesario para pelear la Primera Guerra Mundial hizo impráctico este procedimiento.

Fue en 1917 cuando el Congreso autorizó al Tesoro la emisión de hasta 5 billones de dólares en bonos de largo plazo y 2 billones de certificados con vencimiento a un año en la llamada First Liberty Loan Act. A ésta le siguió una segunda, que elevó estos límites a 9.5 billones para los bonos y a 4 billones los certificados.

Al concluir la guerra, el límite de la deuda se había elevado a 43 billones de dólares. En 1939, en los albores de la Segunda Guerra Mundial, se estableció el límite consolidado de la deuda, primero en 49 billones y luego en 300 billones, en 1945. Desde entonces y hasta 1953, el límite de la deuda se elevó rutinariamente, pero ese año el Senado bloqueó la solicitud de un nuevo incremento del Presidente Dwight D. Eisenhower, que necesitaba recursos para construir autopistas que juzgaba vitales para el futuro de Estados Unidos.

Una mayoría de republicanos y demócratas no estuvo de acuerdo y obligó al gobierno a limitar el gasto público durante varios meses. Al final se logró un acuerdo que elevó el límite, a cambio de la reducción de otros gastos.

Otro enfrentamiento ocurrió en el gobierno de Clinton, a finales de 1995 y principios de 1996. Después de enfrentarse en una dura batalla sobre el presupuesto, los republicanos que se oponían a la reforma de salud de Clinton se negaron a incrementar el límite de la deuda que el Presidente demandaba.

Sin recursos, Clinton suspendió las funciones no esenciales del gobierno para ahorrar recursos. La presión popular forzó un acuerdo en el que los republicanos perdieron. Meses después, Clinton fue reelecto.

Pienso que antes de la intransigencia republicana, el presidente Obama seguirá el camino de Clinton, pagará el servicio de la deuda pero suspenderá, como ha insinuado, los pagos de pensiones civiles y militares y limitará la prestación de servicios no esenciales del gobierno.

Pienso que el Presidente reelecto de Estados Unidos se impondrá fácilmente en la batalla de la opinión pública, pues la amenaza republicana no es creíble.

Por las buenas o malas, los republicanos incrementarán el límite de la deuda de nuestro vecino del norte.

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