Las cadenas de suministro en el sector agropecuario están conformadas por actividades secuenciales, que van agregando valor al producto primario, dependiendo del número de actividades intermedias hay redes de valor “cortas” y redes de valor “largas”

Aunque un menor número de intermediarios reduce los costos de transacción e incrementa los beneficios al productor, la condición de contar con pocos intermediarios no es factor para considerar alguna de ellas como la mejor forma de acercar alimentos a la población.

La administración de cadenas de suministro de los sectores económicos identifica cadenas o redes cortas como aquellas que cuentan con un minorista o un intermediario entre el productor y el consumidor final. En esta categoría se ubicarían aquellas redes en las que intervienen menos de cuatro nodos de actividades diferentes de la red y aquellas con más de cuatro nodos se les conoce como cadenas largas.

Las cadenas cortas agroalimentarias según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por su sigla en inglés) implican proximidad —geográfica, organizacional o social—, así como mayor contacto entre productores y consumidores; mínima intermediación en los intercambios, participación de pequeños productores agropecuarios como proveedores, y consumidores inmersos en el sistema de producción.

La tendencia apunta hacia productos cultivados mediante prácticas agropecuarias sustentables cuya venta la realiza el propio productor en mercados locales temporales, o bien, mediante el comercio electrónico, entre otras alternativas.

La distribución de alimentos al grueso de la población requiere mecanismos más complejos que deben ser eficientes para no perder el valor agregado de las actividades intermedias.

En los estudios de redes de valor que se realizan en FIRA, conjunto de fideicomisos para fomentar el desarrollo en el sector agroalimentario, se identifica que la presencia de intermediarios en una red está relacionada al tipo de producto agropecuario (granos, hortalizas, carnes) y al mercado destino del producto. El procesamiento o industrialización de un producto no implica necesariamente mayor cantidad de intermediarios, esto depende del mercado destino sea de exportación o nacional, y de la presentación del producto al consumidor final.

En productos perecederos de exportación la logística de comercialización no debe superar los cinco días desde su salida en campo hasta su venta en el mercado de Estados Unidos. Las actividades intermedias implican la selección, lavado, empaque y transporte a frontera y la distribución mayorista a Estados Unidos; estas actividades suelen ser realizadas por la empacadora con el menor número de intermediarios posibles para poder llegar al consumidor con producto en fresco de calidad.

*Angélica Fermoso Gómez es especialista en la Subdirección Técnica y de Redes de Valor de FIRA. La opinión aquí expresada es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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