Hoy en el mercado se pueden encontrar diferentes apps para diferentes cuestiones de alimentación y estilo de vida que buscan la disminución de riesgo de enfermedades crónico degenerativas por medio de la promoción de estilos de vida saludables.

En el mercado de Estados Unidos, está el boom de las apps de estilo de vida saludable que se basan en diferentes premisas. Algunas de ellas, por ejemplo, monitorean el contenido calórico de los alimentos que el usuario va registrando, algunas otras ofrecen coaching en línea y pertenencia a grupos de ayuda con otras personas que buscan perder peso y otras más monitorean ritmos cardiacos en reposo, cuántas veces el usuario ha realizado actividad física y cuántas veces se ha pesado en una semana. Algunas de ellas integran todos estos servicios.

Algunas de estas aplicaciones cuentan con programas semanales en los que se van desarrollando diferentes temáticas alrededor de la alimentación y el ejercicio. El punto sobre la eficacia o ineficacia de estas apps radica no sólo en el perfil sociodemográfico del usuario, sino en la problemática multifactorial de fondo que está asociada a su sobrepeso, obesidad o prediabetes.

La problemática de fondo no es porque la persona esté incapacitada para contar calorías, ni porque el exceso de calorías sea la única causa subyacente a su condición. Además, ciertos rasgos de la personalidad favorecen o imposibilitan que el coaching y la ayuda grupal en línea sean efectivos. Por ejemplo, existen personas que tienen conocimientos generales acerca de la alimentación “correcta”, exclusivamente desde el punto de vista nutricional. Tener esos conocimientos no significa hacer. En muchas ocasiones así como en diferentes manifestaciones de la conducta humana, necesitan una especie de ojo vigilante para poder lograr los objetivos. Esto sucede en todos los niveles de conducta. Incluso cuando por civismo se aconseja a las personas, por ejemplo, no tirar basura en la vía pública, en muchas sociedades, no es hasta que se pone una multa económica en las ocasiones en las que las personas dejan de hacerlo.

Con esto, no sugiero que las personas sean irracionales y que necesiten de un guardia o sargento para lograr sus objetivos de salud. Al contrario, esta característica humana presenta limitantes porque, en la medida en que se sienta la liberación del yugo, se volverá a las mismas conductas, puesto que la modificación no se hizo desde la raíz, es decir, desde el nivel cognitivo. A todo este cocktail de factores, le agregamos el factor sociocultural y volvemos al punto en el que tal vez las soluciones sean temporales y para algunos grupos de personas, inaccesibles. Recordemos que la generación que prefiere interactuar por medio de pantallas en grupos es la de los millennials y hoy en día no son a quienes más atañen estas cuestiones (aunque sean candidatos probables para un futuro). Acostumbrarse a interactuar con coaches y grupos de apoyo por medio de la app para algunos sectores de la población podría ser disruptivo.

Hay personas para quienes este tipo de programas resultan eficaces, pero hasta el día de hoy no hay estudios a profundidad sobre su contexto sociocultural y su perfil psicológico que permitan entender los factores de adherencia al programa de la app. Sin embargo, todos los elementos mencionados arriba señalan, sin duda, que una condición multifactorial no se trata de manera unicausal. Aunque podrían ser una herramienta coadyuvante, la visión segmentada deja puntos ciegos importantes.

@Lillie_ML