El Covid-19 evidenció debilidades en nuestra economía ante los nuevos fenómenos globales. Tanto el petróleo como el turismo, dos de los principales componentes del PIB en México, sufrieron afectaciones importantes por las dinámicas que impusieron el distanciamiento social, las medidas de contención y las restricciones al comercio mundial. Sin embargo, también exhibió factores en el mercado interno que no ayudaron a dinamizar más la economía, como la limitada digitalización en los servicios, comercios e industrias en México. 

La transformación digital hace referencia al proceso de cambio para mejorar la operación de las organizaciones a través del uso de tecnologías digitales. Su conceptualización no sólo se basa en el uso de tecnologías, sino también en el cambio organizacional, la estructura, el liderazgo y el equipo con el que se puede realizar el proceso de transformación, aspectos que a menudo son más importantes que los tecnológicos. 

Si bien existen brechas en el acceso a la infraestructura digital en México, como la situación económica de los usuarios, así como la cobertura territorial de la red, no resultan ser la principal barrera para la transformación digital del país. La situación sociodemográfica de los usuarios de las redes digitales y la cultura empresarial son las principales limitantes.

Por un lado, cerca del 88% de la población en México tiene cobertura de Internet según el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT). A pesar de ello, el INEGI reporta en la “Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares 2019” que sólo el 76.6% de la población urbana es usuaria de Internet, mientras que la cifra es del 47.7% en zonas rurales. De igual manera, mientras el 60% de la población entre 6 a 54 años es usuaria de Internet, para los mayores de 55 años la proporción baja a menos de 35 por ciento.

Quizá incluso lo más relevante es que antes del COVID-19, el 90% de los usuarios de Internet usaba las redes para entretenerse, obtener información y comunicarse. Mientras que sólo el 16.8% las usaba para operaciones bancarias, el 22.1% para el comercio digital y el 35.6% para servicios de gobierno.  

Por otro lado, la conectividad en las Mipymes no es incipiente, ronda el 70 por ciento. A pesar de ello, menos de una tercera parte reporta que sus negocios mejoraron por la digitalización, de acuerdo con la “Cuarta Encuesta 2019 a Usuarios de Servicios de Telecomunicaciones, Mipymes”. Adicionalmente, si bien el 60% usan redes sociales como Facebook, WhatsApp, Instagram o Linkedin, en su mayoría consideran que sólo sirven para darse a conocer y muy pocas piensan que les ayuda a aumentar sus ventas. 

Entonces, más allá de la brecha digital que existe en el país, el comportamiento de los usuarios digitales y la cultura empresarial, han influido en generar una transformación digital desequilibrada en México, lo cual profundiza la desigualdad y la complicada situación por la que están pasando las Mipymes ante el Covid-19. Sin embargo, los cambios en las dinámicas sociales y las características de la nueva normalidad exigen la transformación digital.

Es momento que se entienda que invertir en transformar digitalmente los servicios, negocios o industrias en México es una necesidad ante las dinámicas globales y una forma de fortalecer al mercado interno. Sociedad, gobierno y Mipymes deben definir entre sus estrategias más importantes las de fomentar la cultura de la innovación, el liderazgo enfocado al cambio y el desarrollo de habilidades, para aprovechar la tecnología existente en México. 

Twitter: @pedrolichtle