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Opinión

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La tensa calma

Es como si la guerra se hubiera puesto “en pausa” en varios niveles.  Parece que hemos entrado en un nuevo periodo en el conflicto, con todas las partes entrando en un impasse.

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El Grupo Wagner —un ejército privado— era la amenaza más peligrosa para el ejército ucraniano. Ahora está disperso y sin liderazgo, pero Ucrania no ha lanzado ninguna ofensiva para aprovechar la situación. ¿Qué los ha detenido?

Los acontecimientos de la semana pasada parecían ofrecer una gran oportunidad en favor de lanzar una acción militar rápida y contundente. Y así, intentar recuperar todo su territorio (incluida Crimea).

Rusia tampoco está enviando grandes fuerzas para reforzar el boquete abierto por la retirada de Prigozhin y su grupo paramilitar. Estados Unidos guarda silencio.

Es como si la guerra se hubiera puesto “en pausa” en varios niveles. Continúa, pero no con la intensidad que tenía antes del intento de golpe de Estado. Los rusos han sido muy discretos en sus declaraciones recientes, y Ucrania también. Estados Unidos ha hablado mucho del intento de golpe, pero poco de la guerra en sí —y de la posibilidad de una contraofensiva ucraniana—. Parece que hemos entrado en un nuevo periodo en el conflicto, con todas las partes entrando en un impasse. Putin necesita reagruparse, y eso llevará tiempo. Los ucranianos, a pesar de la fiereza y valentía con que han defendido su territorio, quieren llegar a un acuerdo (así lo han manifestado a los interlocutores que ha mandado el gobierno chino este año). Estados Unidos ha dejado claro que su objetivo es llegar a un cese al fuego desde que inició el conflicto.

La guerra en Ucrania no es sólo un asunto local. Puede cambiar radicalmente el panorama mundial. En cierto modo, ya lo ha hecho: Alemania se está rearmando, la OTAN ha despertado y se ha agrupado, el grupo de países conocidos como “BRICS” quieren desafiar la primacía del dólar como moneda de reserva, los precios de las materias primas —y los granos— están por las nubes y Rusia está cada vez más aislada del mundo.

Moscú estableció un plazo hasta el próximo sábado para que los mercenarios del Grupo Wagner que participaron en la rebelión firmen contratos con el Ministerio de Defensa ruso o se desmovilicen por completo. Sin embargo, Prigozhin exiliado en Bielorrusia no ha revelado si tiene la intención de mantener el control de las operaciones de los mercenarios.

La respuesta de Putin al motín no fue la de un líder poderoso. La reacción no llegó lo suficientemente rápido y su retórica pareció más bien reactiva. El mundo está ansioso por escuchar la explicación de por qué Prigozhin —un traidor— y su ejército están siendo indultados.

Sea cual sea el compromiso entre las facciones, es posible que el comienzo del final de la guerra esté empezando a gestarse y existan negociaciones en curso para tal efecto. Paralelamente, ha habido rumores sobre élites en Rusia que han deseado reemplazar a Putín desde hace tiempo. Recientemente, culpan a Putin por permitir que la guerra en Ucrania se prolongue demasiado con altísimos costos para ellos. Quizá ya llegó la hora.

La guerra está convirtiendo a Rusia en un Estado fallido, con fronteras fuera de control, formación de ejércitos privados, una población que huye, decadencia moral y económica así como la posibilidad de un conflicto civil que podría dividir a ese país en una confederación o incluso podría fragmentarlo en partes secesionistas. Los resultados son desastrosos, y en medio de todo está Putin, y su decisión de invadir Ucrania.

@EduardoTurrentM

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