No soy fan de Eduardo Medina Mora, quien es ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) desde el 10 de marzo del 2015. Y no lo soy porque creo que su desempeño en los cargos públicos que ocupó antes de llegar a la SCJN dejó mucho que desear.

Del 2000 al 2005 fue director general del extinto Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) y del 2005 al 2006 fue secretario de Seguridad Pública. En su primer cargo dirigió las acciones de espionaje —muchas de ellas ilegales— que el gobierno federal realizó en torno a quién sabe cuántos mexicanos. Peor aún, no supo advertirnos a los mexicanos sobre la fuerza que en esos años estaba adquiriendo la delincuencia organizada. En su segundo cargo no pudo enfrentar el creciente problema del narcotráfico y la incapacidad del gobierno permitió que el poder del narcotráfico se mudara de Colombia a México.

De diciembre del 2006 a septiembre del 2009 fue procurador general de la República. Su paso por la PGR se recuerda por haber tratado de impedir, infructuosamente, que en el 2007 la SCJN declarara la inconstitucionalidad de la ley que aprobó la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) para despenalizar el aborto.

Medina Mora luego ingresó al servicio diplomático como embajador en el Reino Unido, cargo que desempeñó del 2009 al 2013. Aquí lo único que hizo fue defender el honor patrio después de que en un popular programa televisivo un comentarista describiera a la comida mexicana como “vómito refrito”. Por la patriotera actitud que asumió, medio mundo se rio de él.

De enero del 2013 a marzo del 2015 fue embajador en Estados Unidos, desempeñándose, como la mayoría de quienes han ocupado ese cargo, sin pena ni gloria. Abandonó la embajada cuando fue ratificado como ministro de la SCJN. Para tal efecto, Enrique Peña Nieto no se molestó en designar al sucesor del ministro Sergio Valls, fallecido a finales del 2014, sino hasta septiembre del 2015, con Medina Mora.

De acuerdo con los muchos abogados con quienes he hablado sobre él, como ministro de la SCJN aparentemente está realizando una muy buena labor y merece el respeto de la mayoría de sus colegas.

A pesar de que no soy su fan, en esta columna y en mis programas de radio y TV me abstuve de comentar las notas periodísticas que aparecieron los días 5 y 6 de junio pasados en el diario defeño El Universal, donde se le acusaba de realizar, entre el 2016 y el 2018, 32 transferencias a cuentas bancarias por más de “103 millones de pesos”.

Y me abstuve porque, a mi juicio, la acusación carecía de un sólido sustento.

Aparentemente no me equivoqué, porque ayer Medina Mora hizo pública una carta que le envió a todos los ministros, magistrados, jueces y consejeros del Poder Judicial federal en donde refuta, con lujo de detalles, las notas de El Universal y, peor aún, denuncia al diario de no “publicar los documentos fidedignos que prueban sus dichos, así como el de verificar la autenticidad de los mismos (...) El diario no verificó la autenticidad de los documentos que refiere, ni intentó contactarme para contrastar la información”. También anota que contactó personalmente “a los más altos directivos del diario” para solicitarles lo anterior y que no recibió respuesta”.

Habrá que ver qué respuesta le dará El Universal, si es que tiene alguna.

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Eduardo Ruiz-Healy

Periodista y productor

Columna invitada

Opinador, columnista, conferencista, media trainer, 35 años de experiencia en medios de comunicación, microempresario.