Las redes sociales se han convertido en armas de manipulación masiva.

Las áreas de comunicación social del gobierno mexicano lo deben de saber.

Desde la misión diplomática del gobierno de México ante Naciones Unidas, el pasado sábado alguien subió a la cuenta oficial @MexOnu una fotografía en la que aparece el pleno de Naciones Unidas abarrotado de líderes de todo el mundo durante la participación del secretario Marcelo Ebrard. La realidad no tendría que haber alarmado a nadie: un auditorio semivacío por la decisión que tomó el presidente López Obrador de no participar de manera personal en la Asamblea General de Naciones Unidas.

Los diplomáticos que acuden año acon año a la Asamblea Genral de la ONU saben que la atención sobre los discursos disminuye cuando presidentes y primeros ministros concluyen sus respectivas participaciones. A la cola del programa aparecen los representantes de los presidentes. En este caso, el secretario Marcelo Ebrard tuvo que enfrentarse a un auditorio semivacío.

De haber asistido el presidente López Obrador, es muy probable que su participación ante el pleno hubiera ocurrido el jueves. Al no ir, el secretario de Relaciones Exteriores participó hasta el sábado, día en el que prácticamente todos los líderes del mundo prefieren irse al teatro, a comer con conocidos o viajar de regreso a sus respecticos países.

Hasta ayer por la tarde, nadie había presentado su renuncia por parte de la misión diplomática mexicana por la pueril estrategia de manipulación.

Fue Carlos Mota quien alertó de la pueril mentira: “Engaños. A la izquierda, el tuit que difundió el Gobierno hoy con un auditorio lleno en la Asamblea General de la ONU. A la derecha, la foto real con el auditorio semivacío mientras el Canciller hablaba (...)”. Acto seguido, el director de Comunicación Social de la SRE respondió: “Carlos: se trató de un error que se corrigió en minutos. ¿Por qué no ser honestos y mencionar también el tuit corregido”.

Si la persona que ordenó que se subiera la fotografía con el auditorio lleno fuera honesta, hubiera presentado su renuncia, escenario imposible en la burocracia mexicana. Los “errores” caros se pagan con el puesto, no con palabras. Premisa elemental en manejo de crisis.

Tampoco hubo honestidad de parte de la agencia estatal Notimex al no mencionar, deliberadamente, el nombre de México, en su nota del jueves pasado, sobre la resolución que el dictador Nicolás Maduro llevó al Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Misma que México aplaudió con su voto.

Quizá, para Notimex, lo mejor era evitar gramaje de mala imagen al secretario Ebrard durante su estadía en Naciones Unidas.

Tiene que ser un medio extranjero, El Observador de Uruguay, el que nos informe la decisión de los gobiernos de Tabaré Vázquez y López Obrador de revivir el Mecanismo de Montevideo. Una flor representada en tiempo, el único activo que le interesa al dictador venezolano para continuar atornillado a la silla de Miraflores.

Sin honestidad, el Fondo de Cultura Económica le obsequia espacio al porrismo de la dictadura. El viernes le tocó a Arantxa Tirado en la librería de Madrid.

Así se presenta México ante el mundo: con etiqueta.

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.