En la primera entrega de esta nota, comenté que las iniciativas de inversión tienden a buscar la generación de valor y de mantener la competitividad, no solamente de una empresa de manera individual, sino también del grupo de actores que interactúan dentro del esquema de red de valor

De esta manera, una aplicación eficiente de la inversión es apropiarse de valor y procurar el manejo adecuado de los costos de producción. De acuerdo al estudio de la Red de Valor de Bovino Carne , en el 2014 se produjeron 8.7 millones de cabezas en unidades de producción con lotes pequeños que los obligan a entregar su producción a los siguientes eslabones de la cadena.

En la red se encuentran registrados 6,900 acopiadores de ganado y se contabilizan 975 establecimientos para el sacrificio de ganado; de los cuales 55 cuentan con certificados TIF, que en el 2014 sacrificaron 32% del total de cabezas, 41% del volumen de producción nacional de carne, que se comercializa en su mayoría en mercados especializados o tiendas de autoservicio. El resto de la producción se transporta en equipos menos especializados con bajas medidas de control de calidad, y se dirige a mercados cercanos a los rastros y de valor menor en el mercado.

Para este último mercado existen a nivel nacional 65,5000 establecimientos detallistas de venta al consumidor final. Entre los diferentes eslabones, los detallistas se encuentran dispersos, con bajo poder de negociación del precio, altos costos de producción y bajo nivel de equipamiento tecnológico para el manejo inocuo de la carne. A pesar de ello, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (Engasto, 2012), los puntos de venta de la carne para consumo de los hogares son principalmente tiendas de autoservicio, tianguis y carnicerías; específicamente 50.4% de los hogares compra la carne en carnicerías.

De esta manera, el precio del animal equivalente en carne en canal es de 70 pesos/kg y el precio de venta de los cortes de carne al consumidor es en promedio de 110 pesos/kg. La diferencia es la agregación de valor dados los costos incurridos en las siguientes etapas, como por ejemplo transporte, empaque, tablajero, pagos al personal ocupado, entre otros. Bajo el enfoque de integración de la red de valor y suponiendo una estructura de mercado en la que no se tenga poder para modificar el precio, la integración formal genera ahorros en transporte y energía, almacén, uso de red en frío, renta, acopio, eficiencia en el proceso de corte y venta, reducción de mermas, vida de anaquel, tiempos de espera; la competitividad se incrementa con los ahorros generados en cada etapa de la red de valor.

Sin olvidar que se incrementa la valoración del consumidor final que prefiere la compra al menudeo por la cercanía de su hogar y obtiene carne certificada, de mayor calidad al mismo precio y confianza. La valoración de la carne por parte del consumidor es relevante para el resto de la red; los puntos de venta más eficientes incrementan el volumen de éstas al consumidor y agiliza el flujo de ingresos al resto de los eslabones. De esta manera, se integran las demandas del consumidor con la producción primaria.

La inversión dirigida tanto a la producción primaria como hacia el resto de los actores que participan en llevar el producto al consumidor final incrementa la valoración del consumidor del producto y posiciona a las actividades agroindustriales en el mercado final.

*Angélica Fermoso Gómez es especialista en la Subdirección Técnica y de Redes de Valor de FIRA. La opinión es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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