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La inclusión social al centro de la agenda pública

El gran fracaso de México durante las últimas décadas ha sido nuestra incapacidad de tener un modelo económico con crecimiento sostenible, que contemple la inclusión y movilidad social.
Durante la “pesadilla neoliberal” tuvimos un crecimiento económico mediocre, pero que profundizó la desigualdad y asumió, erróneamente, que el crecimiento en sí mismo nos llevaría a un modelo de mayor inclusión. Sin embargo, fue un enfoque sin verdadero crecimiento y dejó fuera a millones de mexicanos.
Las urnas en el 2018, para bien o para mal, dieron el poder casi absoluto a lo que prometía ser un nuevo modelo que tenía la movilidad e inclusión social como prioridad.
Pero este gobierno, por razones distintas, también fracasó porque se olvidó del crecimiento. En este sexenio tendremos un promedio de crecimiento anual de poco menos de 1% –si se llega a cumplir el pronóstico de 2% para este año– y en términos per cápita un decrecimiento de más de 3 por ciento. Cierto que se atravesó la crisis económica del Covid, pero basta con voltear a ver los resultados de otros países para ver cómo, de las principales 48 economías del mundo, tuvimos la octava peor recuperación –y casi todos a los que les fue peor son países europeos golpeados por la guerra en Ucrania. También es cierto que no nos endeudamos durante la pandemia, como a algunos les gusta festejar, pero el precio fue una recuperación lenta y raquítica.
En el corto plazo el objetivo debe ser capturar la oportunidad del nearshoring. Para crear las condiciones necesarias que atraigan estas inversiones, entre otras cosas, es fundamental invertir en la parte energética que le toca al Estado –transmisión y distribución– y permitir que privados inviertan en generación como la ley vigente lo permite. Esto sumado a ciertas inversiones en infraestructura crítica, como los cruces fronterizos, podría ayudar a destapar cuellos de botella inmediatos, pero no será suficiente para crear una dinámica de crecimiento con inclusión social como requiere nuestro país.
Incluso sin considerar el crecimiento económico como un objetivo en sí mismo, es indispensable promover la inclusión y la movilidad social para mejorar la calidad de vida de la población. El gran fracaso de este gobierno en términos de crecimiento no es solo un fracaso para los neoliberales, es un fracaso para promover la agenda que lo llevó al poder. Si bien es cierto que este gobierno tiene algunos logros en este sentido, como el aumento al salario mínimo o las pensiones no contributivas, no son suficientes y, sobre todo, no son sostenibles sin crecimiento económico. Quizá su único gran éxito es haber logrado que esta agenda ya sea un componente central de cualquier opción política viable.
Si algo han dejado claro los eventos políticos de las últimas semanas es que la inclusión y movilidad social serán parte central de las campañas electorales del próximo año. Las corcholatas de la coalición gobernante entienden bien que lo más capitalizable políticamente es posicionarse como la continuidad del programa de este gobierno. Que, aunque en los hechos ha fallado, ha colocado esto como el centro de su narrativa. Por otro lado, no es una casualidad que el único discurso exitoso de la oposición, el destape de Xóchitl Gálvez, haya partido del reconocimiento de las intenciones y narrativa de este gobierno. Y, más importante aún, a partir de un planteamiento que pone en el centro de un programa el crecimiento económico con inclusión social, que tanto necesita el país.

