El órgano antimonopolios de México condicionó la concentración prevista entre la empresa alemana Bayer y la estadounidense Monsanto a que se hagan desinversiones en el negocio de semillas y herbicidas.

Bayer, empresa de productos farmacéuticos y agrícolas, concluirá esta semana la adquisición de Monsanto que dará origen a la mayor compañía agroalimentaria del mundo, en una operación de 63,000 millones de dólares (54,000 millones de euros). La operación fue anunciada a mediados de septiembre del 2016 pero tuvo que obtener el visto bueno de las autoridades antimonopolio europeas y estadounidenses, que también impusieron condiciones.

En México el órgano de competencia dispuso que Bayer deberá desinvertir ciertos negocios a favor de la empresa química alemana Basf, “que cuenta con la capacidad e incentivos para competir de manera vigorosa en los mercados involucrados”. La desinversión abarca los negocios de semillas de algodón genéticamente modificadas, todas las semillas vegetales y ciertos herbicidas no selectivos propiedad de Bayer. “Bayer y Monsanto deberán aceptar, en su totalidad, las condiciones impuestas por la Cofece para poder cerrar la transacción”, resolvió.

De lo contrario, Bayer tendría la exclusividad en materia de semillas de algodón modificadas e importantes participaciones en el mercado de semillas para cultivos como cebolla, pepino, tomate, sandía, melón y lechuga. “Sin las condiciones impuestas”, señaló el organismo, “la operación reduciría de manera importante las alternativas que tienen los agricultores mexicanos en una amplia gama de semillas y en herbicidas no selectivos, lo que podría ocasionar mayores precios y menor innovación, investigación y desarrollo de nuevos productos”.

Grave error de la Cofece: si había un competidor de Monsanto podía ser Bayer. Monsanto es dominante en productos transgénicos y su primer uso genera una dependencia eterna para el agricultor. Esto le permite tener muchos clientes cautivos. Además, sabemos la mala fama que tiene en el mercado, que se lo ha ganado a pulso: desde el agente naranja que destruía los campos enemigos en Vietnam hasta los productos transgénicos de hoy en día, pasando por la esclavitud del campesino a través de prácticas indebidas. La Cofece debió  haber establecido condiciones que rompieran esta dependencia de los agricultores u obligar a que los centros de investigación que tiene en México tuvieran que compartir los resultados con los competidores. Además, si la finalidad del derecho de la competencia es proteger al consumidor debería haber obligado a que en la producción de semillas transgénicas se informara de estos hechos a los consumidores. Faltará ver si la parte sana —Bayer— se carcome con la impresentable Monsanto o sucede al revés. Siendo un mercado con fuertes barreras a la entrada y la dependencia de los agricultores de las semillas de Monsanto, por lo que no es un mercado contestable, no se debería haber aprobado la concentración. Tibia la decisión del órgano antimonopolios.

*Máster y doctor en Derecho de la Competencia, profesor investigador de la UAEM y socio del área de competencia, protección de datos y consumidores del despacho Jalife& Caballero.