La unidad de todos no es una fantasía, sino el único camino a seguir para lograr paz, democracia, justicia y desarrollo.

Joe Biden

En nuestra anterior entrega expusimos la urgencia de emprender una acción conjunta de todos los actores sociales para restaurar nuestro tejido social, pues es preocupante que se continúe deshilachando, que avance su deterioro y que se relajen más sus distintos ámbitos.

Insistimos en que es hora de unirnos para luchar contra las adversidades que socavan nuestro tejido social.

En esta oportunidad abordaremos con mayor precisión, algunos factores que contribuyen al deterioro y que es fundamental tenerlos presentes para actuar en consecuencia:

  • La economía de México sufrió en 2020 una abrupta caída del 8.5%, la peor desde 1932 que provocó una bancarrota total en el país en esos tiempos. La nueva caída afecta hoy a millones de mexicanos que perdieron sus empleos, a la inversión y además propicia el cierre de negocios.
  • La pobreza extrema aumentó el año pasado en un 13% que se traduce en siete millones más de pobres. 
  • El contagio negativo del odio resulta altamente destructivo. Debemos ser conscientes de que al interactuar en un grupo que siente odio hacia otro y lo propicia, empezaremos a actuar de la misma forma y también empezaremos a odiar. 
  • La transmisión de los 415 millones de mensajes como parte de las campañas electorales, que ya iniciaron, muy probablemente se caracterizarán por la descalificación y la polarización. 
  • Los retrasos en la ejecución del Plan Nacional de Vacunación Covid 19.
  • El pesimismo generalizado resultado del peor inicio de año que hemos tenido en décadas.

El tejido social se compone por las comunidades que comparten valores, intereses o espacios y que crean pertenencia.

Las instituciones básicas responsables de la socialización, que son la familia, la escuela y la comunidad, tienen el compromiso de propiciar el desarrollo integral de cada persona y la armonía de las relaciones de unos con otros. Es en esos ámbitos en los que se gestan las primeras manifestaciones de discordia y en donde se reproducen hasta escalar y manifestarse en conflictos generalizados. En ello debemos estar atentos para evitarlo o corregirlo sobre todo ahora que el aislamiento causado por la pandemia de Covid 19 ha trastocado todas las organizaciones sociales.

La familia, la escuela y la comunidad son los espacios en los que interesa que la mediación ejerza sus efectos positivos que contribuyan a la formación de personas comprometidas con la concordia como modo de vida.

Esos efectos positivos son difícilmente alcanzables si no hay diálogo, pues la comunicación es la vía para el establecimiento de relaciones de apoyo y confianza. Su ausencia se traduce con frecuencia en conflictos o conductas violentas en los ámbitos de la familia, la escuela y la comunidad.

En la familia, tema que hemos abordado en varias oportunidades, la suspensión de prácticamente toda actividad y el encierro al que se somete por la crisis de salud pública, derivada del Covid 19, ha propiciado desde hace varios meses una intensa convivencia entre sus integrantes que, lejos de propiciar la felicidad, ha suscitado incomodidad, así como acciones de violencia intrafamiliar.

En la mayoría de las familias a esa situación hay que sumarle la falta de recursos económicos y las condiciones adversas para el cuidado de sus integrantes. Quizás el reto más importante que hoy enfrentan sea el evitar que niños y jóvenes, que deben estudiar a distancia, formen parte de generaciones deficientes o quizás perdidas para la enseñanza y el desempeño profesional.

Las madres y padres de familia, además de sus otras obligaciones, han debido asumir funciones pedagógicas, para las que no estaban preparados. Ello implica un cambio de mentalidad tanto en ellos como en el ámbito laboral al que pertenezcan, así como en las autoridades educativas.

El tema del cierre de escuelas hizo necesaria la educación a distancia, lamentablemente improvisada y deficiente, sin acceso a la internet y con carencia de equipos mínimos, entre otros obstáculos. Sus efectos repercutirán a corto, mediano y largo plazo. La mayoría de los niños que hoy se forman a distancia en la educación primaria, arribarán a la secundaria como alumnos distraídos, indisciplinados, incapaces de trabajar en grupo, carentes de solidaridad y empatía, además de otras deficiencias en cuestiones elementales como la socialización. Eso mismo habrá de ocurrir en niveles superiores como la preparatoria y la educación profesional. 

Por lo que hace a la educación física, particularmente en deportes que se practican en equipo, la generación de la pandemia será una generación perdida, y en el ámbito universitario se observarán deficiencias en rubros tan delicados como lo son los de medicina e ingeniería, por citar dos casos, carreras en las que no es suficiente la enseñanza teórica, requieren de prácticas durante su formación.

Los maestros y catedráticos deben estar preparados para recibir estudiantes totalmente diferentes.

Aunque la epidemia finalmente quede bajo control, el impacto de la nueva realidad apunta a que la convivencia social, el trabajo y la educación habrán de adoptar de manera creciente el uso de tecnologías de la información. De tal suerte que la educación y el trabajo, entre otras actividades y servicios, se caracterizarán por ser a distancia o en línea.

Entre más unidos estemos y contribuyamos al fortalecimiento de la cordialidad y de la cultura de la paz, seremos más fuertes; entre más divididos, más débiles. 

Evitemos que se desgarre más el tejido social de México.

* Pascual Hernández Mergoldd es Abogado y mediador profesional.

phmergoldd@anmediacion.com.mx

Twitter: @Phmergoldd

Pascual Hernández Mergoldd

Abogado y mediador profesional

Columna invitada

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