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Opinión

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Kikapóo

Por lo pronto, la lengua es un común denominador que sirve para facilitar las relaciones humanas de toda índole, con los aportes que ello supone a la economía.

En 1895, en México teníamos una población de 12.6 millones, una cifra envidiable. En ese entonces 2 millones de habitantes no hablaban lengua vernácula y había 43 idiomas diferentes. De entre ellos sobresalían, en orden de importancia: náhuatl, maya, zapoteco, otomí, mixteco, totonaco, mazahua y tarasco.

En el año 1980 ya habían desaparecido nueve idiomas, como el cora, el chiapaneco y el tepecano. El número total de hablantes desciende de tal año a 1950 y luego vuelve a subir, hasta la fecha. Interpreten ustedes eso como quieran.

Los indígenas, llamados indios durante la época de la Colonia, constituían razas, civilizaciones, culturas e idiomas diferentes, estratificados en nobles, pueblo y esclavos, más o menos como seguimos hasta la fecha, digan, si no, qué es lo que llamamos servidumbre, como los griegos y los romanos de la antigüedad.

Veamos el paralelismo de la conquista idiomática. Hace 1001 años, escribió Antonio Alatorre en 1979, en la Cantabria, el castellano no era sino un pequeño dialecto arrinconado .

Destacaban el leonés, al aragonés, el catalán, el mozárabe, etcétera. Pero ese insignificante castellano habría de derramarse en toda España, como habría también de difundirse en las tierras que conquistó en el continente americano, dejando a las demás lenguas, otrora predominantes, en un nivel secundario.

Luis Fernando Lara, en el Boletín editorial 106 del Colegio de México, a finales del año 2003, da cuenta de un estudio que sostiene que la lengua ha aportado 15% del Producto Interno Bruto español entre 1995 y el 2001, sumatoria de enseñanza, publicidad, comunicación, administración pública e industria editorial.

Por su parte, Germán Martínez Cázares, en este periódico -no apunté la fecha-, sostiene que el desafío que tienen los gobiernos hispanoparlantes es expandir en la sociedad globalizada de la información el idioma de Cervantes . A lo mejor, aunque parezca exagerado.

Por lo pronto, la lengua es un común denominador que sirve para facilitar las relaciones humanas de toda índole, con los aportes que ello supone a la economía.

En un país inculto como el nuestro, en donde hablar dos idiomas ya es verdaderamente un lujo, es una gran ventaja que el segundo sea el inglés y no el kikapóo, un idioma que en el año de 1940 ya no era hablado por nadie.

paveleyra@eleconomista.com.mx

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