Ayer 12 de abril, escuché en una serie la frase: “el riesgo viene de no saber lo que uno está haciendo”. Esto se aplica perfectamente en inversiones. Por eso es tan importante entender los conceptos básicos, que son muy simples, sobre las inversiones.

Hemos hablado mucho recientemente sobre la diferencia entre invertir y especular, que tiene más que ver con hacer conjeturas informadas, con base en expectativas de corto plazo. Esto incrementa el riesgo porque lo que uno piensa que va a suceder, puede no darse y eso pasa con mucha más frecuencia de lo que pensamos.

Invertir no se trata de ganar de un día para otro, sino de construir patrimonio con el tiempo. No tiene nada que ver con lograr un golpe de suerte o con ser más inteligente que los demás, sino simplemente de tener un enfoque claro y disciplinado.

Un proceso de inversión puede plantearse de distintas maneras. Hay personas que ya tienen dinero guardado y otras que están empezando prácticamente con nada, que se han decidido a ahorrar 100 pesos a la semana e invertirlos para su futuro.

Sin embargo, me gustaría dar un ejemplo de cómo se puede implementar un proceso disciplinado de inversión, que puede consistir simplemente en lo siguiente:

1. Tener muy claros nuestros objetivos de inversión, es decir, para qué queremos invertir. No es lo mismo invertir para hacer un viaje en cinco años, que hacerlo para construir un patrimonio y tener una sólida posición financiera para el momento en que nos retiremos, dentro de 40 años. Los instrumentos ideales —el tipo de portafolio que tenemos que definir— es muy distinto en ambos casos y depende de nuestro horizonte de inversión.

2. Conocer nuestra tolerancia al riesgo. Hay personas muy conservadoras, que se ponen muy nerviosas si ven una minusvalía de 10% en su portafolio, que es algo muy normal porque los mercados financieros suben y bajan (tienen volatilidad). Hay otros mucho más aventurados, que se emocionan cuando ven minusvalías mayores al 20-30%, porque las ven como enormes oportunidades para comprar los instrumentos que les gustan a un menor precio, sabiendo que se van a recuperar a mayor plazo. ¿Cuál es la tuya? Hay algunos cuestionarios de “perfilamiento” que aplican instituciones financieras que podrían guiarte, aunque la mayoría están pésimamente hechos. Conocer tu tolerancia al riesgo es fundamental porque se trata de diseñar un portafolio de inversión que te pueda dar un buen rendimiento, pero que a la vez te permita dormir tranquilo por las noches e impida que tomes malas decisiones si te pones nervioso.

3. Crea tu asignación de activos, es decir: ¿Qué porcentaje de tu portafolio vas a invertir en activos de corto plazo y alta liquidez, que pueden darte estabilidad pero un rendimiento muy bajo? ¿Qué porcentaje vas a destinar a invertir en acciones internacionales? ¿Cuánto en otras clases de activos como oro, bienes raíces o criptomonedas? Esta es la parte más complicada, pero en general, si tu horizonte de inversión es menor a cinco años, posiblemente sería mejor tener un portafolio estable, la enorme mayoría en instrumentos de deuda de corto/mediano plazo, quizá algo en crowdfunding para incrementar tu rendimiento, pero siempre consistente con tu horizonte. Si es de mayor plazo, entonces sí incorpora un porcentaje en acciones globales, es decir, invierte en empresas sólidas que cimentan el crecimiento económico en el mundo —y que harán crecer tu portafolio más allá de la inflación (pero con mayor volatilidad).

4. Ahorra una cantidad fija cada mes, según tu capacidad y ponla en este portafolio, tratando siempre de cuidar las ponderaciones entre distintas clases de activos. Como cada una se desempeñará de manera distinta, una vez al año haz un rebalanceo para volver a las ponderaciones originales, lo cual te permitirá tomar utilidades en los activos que hayan tenido mejor rendimiento, manteniendo con ello el nivel de riesgo del portafolio. 

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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