De acuerdo al Diagnóstico del Sector Rural y Pesquero 2012 de Sagarpa/FAO, en México existen 5.4 millones de unidades económicas rurales (UER), que, de acuerdo a sus ingresos brutos por la venta de sus productos, están clasificadas en seis estratos

Entre los principales resultados del estudio, encontramos que:

• Se clasifican como familias de subsistencia 73% de las UER, con o sin vinculación al mercado (estratos E1 y E2). Estos productores reciben poco, o ningún ingreso, por concepto de ventas de productos agropecuarios al no producir excedentes de manera consistente.

• Los segmentos clasificados como en transición y empresarial con rentabilidad frágil (estratos E3 y E4) constituyen 18%. Estos cuentan con ingresos suficientes para cubrir sus necesidades básicas y llegan a ser rentables, pero aún enfrentan retos para mantener y mejorar su rentabilidad.

• En los segmentos denominados empresarial pujante y dinámico (estratos E5 y E6) se ubica 9% , conformadas principalmente por empresas con altos niveles de integración al sistema financiero y comercial, cuyo principal reto es mantener su competitividad en los mercados nacionales e internacionales.

En términos de productividad, los segmentos de empresas pujantes y dinámicas aportan casi dos terceras partes del ingreso bruto total con menos de 10% del total de UER, en tanto que las de autoconsumo, con y sin vinculación al mercado, que representan 74% del total de las Unidades, aportan 17% de los ingresos brutos. Lo anterior implica el reto de instrumentar estrategias para que más productores participen en proyectos rentables que puedan acceder a mercados especializados con mayores márgenes de utilidad para sus empresas, y en consecuencia, esto les lleve a transitar en una escala ascendente de un segmento a otro.

Entendiendo de manera llana que una red de valor es la organización de diferentes agentes económicos que producen y llevan un bien particular a costos competitivos al consumidor. Desde este punto de vista, es el consumidor quien define lo que se debe producir y, en consecuencia, la red se integra para satisfacer esa demanda en forma ordenada y competitiva.

En el sector agropecuario, los productores primarios acusan una baja rentabilidad en sus empresas como consecuencia de los bajos niveles de productividad y escasa integración en las redes de valor.

Ante este panorama, FIRA cuenta con una estrategia para impulsar la operación de proyectos de integración de productores con la participación de empresas tractoras que ya están insertas en los mercados especializados y que demandan materias primas con características específicas. Ello conduce a realizar programas de desarrollo de proveedores a través de esquemas de operación que aseguren el éxito de los resultados en las empresas de los productores.

En la siguiente entrega se abordará el modelo de operación que comprende la estrategia y sus resultados.

*Crisólogo Chávez Zarate es especialista de la Subdirección de Desarrollo de Productores y Prestadores de Servicios de FIRA. La opinión es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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