La producción, procesamiento y comercialización de alimentos inocuos, así como las decisiones que los consumidores toman al momento de ingerirlos, pueden prevenir la aparición de enfermedades.

Los costos asociados con la ingesta de alimentos que no son inocuos son altos y diversos. El documento “El imperativo de la inocuidad de los alimentos: Acelerar los avances en los países de ingreso bajo e ingreso mediano”, publicado por el Banco Mundial y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, señala que en las naciones de ingresos bajos y medianos la pérdida de productividad, calculada en el 2016, fue de aproximadamente 95,000 millones de dólares anuales.

Estos organismos puntualizan que hay otros costos, el tratamiento de las enfermedades, que afectan la economía de las naciones; y  el comportamiento de los consumidores cuando suponen riesgo en un alimento, menos compras, por lo tanto, de los ingresos del sector agroalimentario.

Lo anterior genera que todos los eslabones de las cadenas agroalimentarias realicen prácticas higiénicas y utilicen insumos, instalaciones y equipos que les permitan proveer de alimentos inocuos a la población.

Es necesario que estos actores informen a los consumidores acerca de las características de los productos que se ofertan.

De esto depende la aceptación que los alimentos tendrán en los mercados y el precio que los consumidores estarán dispuestos a pagar por ellos. Así, por ejemplo, las unidades de producción y las empresas agroalimentarias que adopten prácticas y realicen inversiones para cumplir los estándares establecidos en el Codex alimentarius,pueden exportar sus productos; por su parte, aquéllos que atienden los señalamientos del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria y de la legislación nacional en la materia pueden abastecer el mercado interno.

De esta manera, los alimentos deben estar libres de contaminantes que signifiquen un riesgo para la salud de la población.

El consumo de alimentos inocuos, es una necesidad, pero implica costos de producción adicionales para el sector que pueden mermar la rentabilidad, principalmente en las unidades de producción y las empresas pequeñas y medianas. Esto  puede significar ajustes en los procesos que llevan a cabo, en la forma en que se integran a las cadenas agroalimentarias y en las inversiones para ofrecer productos inocuos.

*Xóchitl Gil Camacho. Especialista de la Subdirección de Evaluación de Programas. La opinión es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.