En el artículo anterior comenté los retos que enfrentan los agricultores para la producción de alimentos y las áreas que deben atender para mantenerse competitivos y lograr que su actividad sea sustentable, siendo la innovación un pilar para ello, en esta segunda parte compartiré lo que están haciendo productores del sur de Sonora, ubicados en el noroeste del país, región que se caracteriza por practicar una agricultura empresarial, pero que, al igual que los pequeños productores, enfrenta la escalada de costos de insumos, bajos precios de sus productos y deterioro de recursos como suelo y agua

Esta región tiene 300,000 hectáreas abiertas al cultivo, de éstas, 250,000 son de trigo, cuyos rendimientos promedio son de 6 a 6.5 toneladas por hectárea.

En los últimos años los productores de la región mencionada han observado que su punto de equilibrio se ha incrementado de 4 a casi 6 toneladas por hectárea, por lo que para conseguir este objetivo están innovando con las siguientes prácticas:

Labranza de conservación: Inicia con la cosecha anterior de trigo, triturando y esparciendo el esquilmo de manera uniforme; llegada la fecha, se siembra con sembradoras especiales que cortan los esquilmos y el suelo para incorporar la semilla, eliminando varias labores de preparación.

Con ello, a nivel comercial se han logrado ahorros de hasta 2,000 pesos/hectárea, que representan 10% de los costos totales. Esta práctica también contribuye a incrementar la materia orgánica, conservar la humedad y evitar la erosión del suelo.

Uso de biofertilizantes: a través de la lombricultura se aprovechan residuos de cosechas y estiércol, cuya mezcla forma una composta que alimenta la lombriz y mediante el metabolismo digestivo de ésta se excreta biofertilizante líquido y solido; el cual es una especie de mejorador de suelo que complementa la fertilización química.

Las aplicaciones a nivel comercial han incrementado los rendimientos por arriba de una tonelada por hectárea.

Uso eficiente del agua: mediante asesoría técnica se realizan prácticas adecuadas como el trazo de riego y nivelación, hasta la implementación de sistemas de riego presurizado, con lo que se logran reducciones de 7.5 a 6.0 millares de metros cúbicos por hectárea.

Control biológico de plagas y enfermedades: Algunos productores están usando insectos benéficos para control de plagas, disminuyendo el uso de plaguicidas que tienen un efecto directo en la salud humana.

Estas prácticas a nivel comercial han mejorado la rentabilidad del cultivo de trigo al pasar de una relación B/C de 1.1 hasta 1.5; con ahorros de 20% en el agua de riego por gravedad y mejora en suelos con incremento de materia orgánica en 0.5 por ciento.

FIRA ha impulsado y sigue promoviendo dichas innovaciones, aportando recursos para capacitación y asesoría técnica a nivel comercial, enfrentando el desafío de lograr su adopción en toda la región lo antes posible, desde luego, en coordinación con otras instituciones y organizaciones de productores.

Así pues, observamos que estas innovaciones son fundamentales para la sustentabilidad de la actividad agrícola, debiendo definir la manera de que todos los agricultores las adopten lo más pronto posible, lo cual implica la participación y coordinación de todos los actores relacionados con el sector agroalimentario de la región.

*Gabriel Flores Soria es agente de FIRA en Ciudad Obregón, Sonora.

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