Una red de valor integra un conjunto de actores que establecen diversos tipos de vínculos de mediano y largo plazo, con la finalidad de satisfacer las necesidades del consumidor e incrementar a su vez las ganancias de la agroempresa y sus proveedores

Esta ganancia se obtiene mediante la generación de valor agregado a través de acondicionamiento, conservación y/o transformación del producto en un contexto de competitividad entre cadenas o sectores completos (economías de escala y alcance) y no entre unidades económicas aisladas, desde una lógica de innovación abierta y colaborativa entre los actores integrantes de la red de valor, dando paso así a la llamada economía de red (Flores et al.).

La economía de red es una perspectiva teórica, nutrida con aportes de la economía industrial, la economía regional y el management, que busca responder a los nuevos retos y oportunidades que conlleva la virtual eliminación de la geografía en el marco del proceso de integración económica y de la competencia en mercados glocales, que demandan pensar globalmente con estrategias locales.

Por si fuera poco, hay que tener en cuenta que el sector agrícola es uno de los sectores con mayor asimetría de información, en el que el uso de las tecnologías de la información y la comunicación, y la gestión de la innovación tecnológica resultan fundamentales para la mejoría del posicionamiento competitivo de las redes de valor. Con ello se permite incursionar en actividades como el abastecimiento y la distribución global, así como en la trazabilidad y flexibilidad técnico-productiva que debe existir en cada red de valor, para responder más rápidamente a las demandas y tendencias del mercado.

Dichos aspectos conllevan a su vez una determinada capacidad de adopción de mejoras en los procesos administrativos, organizacionales y de gestión de la producción (Secretaría de Economía, 2013).

En torno a dicha temática, el World Economic Forum ubicó a México en la posición 51 de 137 países, en lo que respecta al Global Competitiveness Report 2017-2018, que integra indicadores macroeconómicos y la percepción de empresarios y ejecutivos en diversos temas clasificados en tres grandes subíndices: requerimientos básicos, potenciadores de eficiencia y factores de innovación y sofisticación empresarial.

En la siguiente entrega, abordaré elementos que explican el limitado desempeño y las tareas pendientes de México en torno al reporte del Global Competitiveness Report 2017-2018, y de manera particular, en lo que respecta a los factores de innovación y sofisticación empresarial.

*José-Alberto Zarazúa es especialista de la Subdirección Técnica y de Redes de Valor en FIRA. La opinión aquí expresada es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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