Los productos lácteos en el país representan un sector de negocio importante en la industria alimentaria

La elaboración de leche líquida pasteurizada entera, descremada y de sabores es la segunda actividad en importancia por la generación de valor, aportando  un 37.7% en el 2018, y los productos lácteos en general aportaron en ese mismo año 11.6% del valor total de la industria de los alimentos. Los derivados de la leche —queso, crema y yogurt— representaron 39% del valor total de los lácteos.

Existen 3,839 empresas dedicadas a la elaboración de leche y derivados lácteos; seis estados concentran 80% de éstas: Jalisco, Veracruz, Oaxaca, Guerrero, Chiapas y Michoacán. La comarca cuenta con 116 empresas que equivalen a 6% nacional. El consumo nacional aparente cerró en el 2018 con un volumen de 15,288 millones de litros, y se tuvo un consumo per cápita reportado por el SIAP de 115 litros.

En México, 90 empresas procesan cerca de 86% de la producción formal nacional de leche. Aunque el mercado tiene una estructura oligopólica, existe una alta concentración en dos empresas con cobertura nacional que abarcan 69% % del mercado, y otras tres empresas abarcan 20% adicional.

Estas cinco empresas abarcan 89% del mercado nacional, y el restante lo ocupan marcas regionales y Liconsa.

Ahora bien, algunos criterios para dirigir una estrategia que fomente el incremento de la producción láctea de acuerdo a los beneficios e impacto regional esperados se encuentran en la disponibilidad de recursos, sistemas de producción y nivel de industrialización.

Por ejemplo, para el caso de la actividad lechera en la región sur-sureste del país, considerando los estados de Tabasco, Chiapas y Veracruz, podemos citar que existe un sistema particular con recursos subutilizados de un modelo tradicional de baja productividad lleno de paradigmas creados a partir de un primer intento de incrementar la producción en la década de los 70 (Plan Chontalpa), del que, si bien trajo una oleada de desaciertos y pérdidas, son rescatables las experiencias de lo que no es factible hacer en el trópico para producir leche.

Un segundo intento surgió en los 90, con la participación de la industria láctea, la primera ultrapasteurizadora del sureste, que de igual forma tuvo su crecimiento y deceso en estos últimos años. Estos eventos lograron generar un modelo productivo rentable y sostenible que está siendo aplicado por ranchos ganaderos de forma rentable y productiva, tanto que la industria láctea no se ha alejado del trópico, ya sea a través de la captación por la industria foránea o por la local productora de quesos, que es muy abundante en la zona.

Actualmente, lo que se está buscando es vincular a los productores con la industria láctea privada y gubernamental, a través de identificar conjuntamente la materia prima ideal y la utilización de tecnologías probadas en la región, aunando a estas acciones las buenas prácticas de producción y precios de venta pactados inicialmente.

Así, se logra implementar un desarrollo de proveeduría de leche para el incremento de su volumen de captación.

Esto permite a su vez crear un ambiente propicio para la inversión, apoyada con la intención del gobierno mexicano de fomentar la adquisición en activos productivos de las empresas ganaderas para la tecnificación de la producción de leche inocua y de calidad y el imprescindible acompañamiento técnico a los productores mediante la implementación de prácticas sostenibles, como uso de sistemas silvopastoriles, bancos de biomasa, cercas vivas, uso eficiente de gua, pastoreo intensivo tecnificado y conservación de forrajes, entre otros.

FIRA apoya estas iniciativas con financiamiento, acompañamiento técnico y diseño de programas de implementación ágil y de alto impacto para productores y empresas que incursionan, practican y desarrollan tecnologías tropicales y esquemas de desarrollo de proveedores para abastecer la industria de lácteos en México.

*Eduardo Trejo González, especialista en la subdirección de Programas y Proyectos de FIRA en Morelia, Michoacán.

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