De acuerdo con la FAO, desde el 2000 los precios de los alimentos en el mundo se apartaron de su tendencia bajista y se han vuelto más volátiles.

Por su parte, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) indica que en el periodo 1980-2004 la volatilidad media del índice de los precios de productos básicos se mantuvo por debajo de 3 puntos, pero entre 2005-2009 subió a 4.1 puntos.

La volatilidad de dichos precios se asocia a factores externos e internos; con respecto a los primeros, en los mercados internacionales las cotizaciones influyen en el comportamiento de los precios de los productos nacionales.

En los factores internos se encuentran los cambios en las condiciones climáticas y las crisis sanitarias que reducen la oferta, la cual se agrava cuando existe concentración geográfica de la producción.

Entender, monitorear y mitigar la volatilidad es necesario para evitar consecuencias en los gobiernos, productores y consumidores, ya que repercute negativamente en la balanza de pagos, en el nivel de reservas internacionales y presiona la inflación, debido a la importación de alimentos a precios más altos.

Además, genera incertidumbre en los ingresos y capacidad de pago de los productores; inclusive cuando amplían sus inversiones tras un período de auge en los precios pudieran tener dificultades para recuperar su inversión cuando éstos vuelven a bajar.

Más aún, las entidades financieras pueden percibir mayor riesgo estrechando el flujo de financiamiento.

La volatilidad afecta de igual forma la seguridad alimentaria de la población más pobre y vulnerable, ya que destinan casi la mitad de su ingreso al consumo de alimentos, ocasionando falta de capacidad económica para obtener servicios básicos, salud, educación, entre otros, colocando a más hogares por debajo del umbral de pobreza.

La FAO estima que a nivel mundial los altos precios del 2007-2008 acarrearon un incremento del número de personas hambrientas en 80 millones. En ese mismo sentido, el Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018 menciona que entre el 2008 y el 2010, en un escenario de crisis económica y volatilidad de precios internacionales de alimentos, en México se agudizó la carencia alimentaria entre las personas de menores ingresos.

A fin de emprender acciones de política pública que permitan contribuir en la atención de la problemática mencionada, el mes de julio del 2016 la Sagarpa y FIRA iniciaron la instrumentación de un esquema de negocio que considera incentivos vinculados al crédito para proyectos que contribuyen a mitigar la volatilidad de precios en productos de la canasta básica agroalimentaria.

La estrategia se orienta a contrarrestar las principales causas de la volatilidad en tres áreas de acción:

1) Robustecer la producción agroalimentaria a través del incremento de la productividad.

2) Diversificar geográficamente la producción para hacerla menos vulnerable ante eventos climáticos y sanitarios.

3) Fortalecer la infraestructura de almacenamiento y redes de frío para hacer más eficiente la comercialización.

Mañana hablaré de los 19 productos agroalimentarios participantes en el esquema, de las características de los incentivos y los financiamientos.

*Ramiro Campos Meraz es especialista en la Subdirección de Programas y Proyectos de FIRA.

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