Como lo comentaba en la primera parte de este análisis, la perspectiva agrícola para los granos presenta un escenario de precios bajos y menos volátiles. Bajo esta perspectiva, la única alternativa para permanecer en la actividad es reducir los costos de producción siendo más eficientes, esperando en el mediano plazo que los precios reaccionen mediante la recuperación de la agricultura

Para explicarlo de mejor forma, a continuación se presenta una tabla comparativa de rendimientos y costos de producción por tonelada de maíz para los ciclos primavera verano (PV 2015) y otoño invierno (OI 2015/2016), en diferentes zonas productoras en el país.

Al analizar el costo de producción de una tonelada de maíz en diferentes regiones productoras, encontramos que en el Centro de Desarrollo Villadiego de FIRA, ubicado en Valle de Santiago, Guanajuato, se registró el costo de producción más bajo por tonelada producida de $1,690.00, monto equivalente a 100 dólares americanos por tonelada. Por otra parte, en esta localidad se tuvo el rendimiento por hectárea más alto de 15.0 toneladas por hectárea.

Lo anterior nos indica que el uso de prácticas tecnológicas de manejo del cultivo, tales como: la labranza de conservación, la siembra de precisión con alta densidad (110,00 plantas por hectárea), la nutrición balanceada, el manejo integrado de plagas y enfermedades (control biológico), y el riego por sistemas presurizados son los principales elementos técnicos que llevaron a Villadiego a obtener un buen rendimiento a un bajo costo.

Resulta conveniente que los productores agrícolas del país visiten dicho centro para conocer más sobre esta alternativa de producción de granos que ha demostrado ser un sistema productivo, rentable y conservacionista.

Finalmente, los costos no se pueden dejar de lado a la hora de tomar decisiones relacionadas con la generación de ganancias o pérdidas para las agroempresas. Estas decisiones van orientadas hacia la búsqueda de recursos económicos para financiar el proceso de producción, los cuales pueden ser propios u obtenidos a través de créditos; sembrar el mismo cultivo (maíz o frijol) o seleccionar otro de mayor demanda y menor costo de producción; decidir qué tipo de fertilizante utilizar en la preparación del terreno; en qué época se debe sembrar; condiciones de venta (crédito o contado); con quién se va a comercializar, etcétera.

En síntesis, todas y cada una de las actividades agrícolas están directa o indirectamente ligadas con la planificación y el control de los costos, de cuya eficiencia dependerá el éxito del agricultor, aunque ésta no sea todavía una práctica común.

*Miguel Gerardo Ochoa Neira es subdirector de Análisis del Sector en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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