Desde hace algunos años la desigualdad es un tema central en los debates económicos a nivel global. De hecho, hace un par de días la ONU presentó un informe sobre desarrollo humano en el que destaca que los grandes avances en el mundo ocultan un progreso desigual para cierta parte de la población. Además, según el Banco Mundial, hoy día la desigualdad en el mundo es mayor a la que se tenía hace 25 años. Aunque diversos países avanzan, México todavía se encuentra entre las 10 naciones más desiguales del mundo, por eso, el verdadero muro que hay que derribar es el de la desigualdad.

La desigualdad no implica que los países no generen riqueza, más bien tiene que ver con la distribución de la misma, pues a pesar de que cada vez hay menos pobres en el mundo (cosa que no sucede necesariamente en México), la clase media es muy vulnerable a caer en la pobreza, y lo más lamentable es que los pobres se hacen más pobres y los ricos más ricos. Un dato que resulta sumamente inquietante es que, según Oxfam, sólo ocho personas en el mundo poseen la misma riqueza que la mitad más pobre a nivel mundial, y sólo de refilón y porque marzo sigue siendo el mes de la mujer, curiosamente entre éstos no hay ninguna mujer incluida.

Para hablar de este tema, es importante saber que la medición de la pobreza en México abarca diferentes aspectos, que se incluyen para tener en cuenta los factores que van más allá del ingreso económico, aunque sí son todos ampliamente ligados a la actividad productiva. Estos factores son: el ingreso per cápita, rezago educativo, calidad de la vivienda, acceso a la alimentación, acceso a servicios básicos de la vivienda, así como el grado de cohesión social.

Los resultados de esta medición arrojan que en nuestro país, la población que vive en situación de pobreza pasó de 49 millones en el 2008 a 55 millones en el 2014. Estos datos nos indican que la población en esta condición en el 2008 era 44% del total. Este número aumentó en el lapso de seis años a 46 por ciento. Dentro de este grupo se encuentra la población en pobreza extrema, que ligeramente disminuyó como proporción del total, pasando de 10 a 9 por ciento.

Si bien se ha reducido el número de personas que no tienen los ingresos suficientes para cubrir la necesidad básica de alimentación, seguimos viendo que la brecha entre ricos y pobres continúa aumentando. Si dividimos la población en 10 partes iguales y teniendo en cuenta el nivel de ingresos, en el 2014, los tres deciles más altos de nuestro país concentraban más de 62% de los ingresos familiares, mientras que los siete deciles más bajos concentraban el restante 37 por ciento. Si analizamos únicamente el decil más alto, ese 10% de la población concentra más de 35% de la riqueza del país. Medido a través del coeficiente de Gini, indicador estrella de la desigualdad, México alcanza los 44 puntos, a la par de Costa Rica o Bolivia, mientras Sudáfrica, el más desigual, rebasa los 60 puntos.

Esto es lo que hace que México se ubique como uno de los países más desiguales del mundo, en la región más desigual que es Latinoamérica, y por supuesto, estos datos no son nada alentadores. Preferiría que nos dejáramos de alarmar frente a las políticas exteriores como la construcción de un muro que pretende dividir a mexicanos de estadounidenses y nos enfocáramos en derribar el gran muro interno que aún persiste, el muro de la desigualdad y la pobreza que desgraciadamente todos los días lastima a millones de mexicanos.

*Presidente de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana AC.

@PerezSoraya