El sector agroalimentario es uno de los más dinámicos, ya que México ocupa los primeros lugares en producción y exportación de diversos productos agropecuarios que cuentan con gran demanda y aceptabilidad por parte del mercado externo, dando como resultado una necesidad de incrementar la calidad y los volúmenes de producción con menos o los mismos recursos para lograr una mayor eficiencia. 

En este sentido, es fundamental recurrir a sistemas de producción más sofisticados con la inclusión de innovaciones tecnológicas, lo cual implica una demanda de recursos para mantener, modernizar y ampliar su capacidad de producción y para diversificar sus actividades.

Al respecto, hoy en día es común encontrar cada vez más empresarios de los sectores secundario y terciario, con profesiones muy distintas a la agronomía; que se encuentran invirtiendo y apostándole a la producción agrícola; sólo que, con cierto grado de tecnificación, ya que optan por dedicarse a la producción de cultivos en agricultura protegida, la cual representa mayores inversiones y a su vez mayor riesgo. Sin embargo, cuentan con una visión muy concreta de las oportunidades de negocio.

La agricultura protegida es un sistema de producción especializado que puede contar con varios niveles de tecnología referidos principalmente al equipamiento con que cuenta y el número de variables que pueden controlarse (alta, media y baja); se trata de estructuras donde el objetivo es monitorear y ajustar ciertas variables ambientales que impactan directamente en el desarrollo de los cultivos que ahí se producen; entre ellas podemos encontrar los invernaderos, la malla sombra y los túneles.

Los principales cultivos que se producen en este tipo de estructuras son principalmente hortalizas como el pimiento y el tomate; berries como la fresa y el arándano, y algunos cultivos perennes como el higo.

Dichos productos cuentan con las bondades que ofrece el mercado de exportación, son altamente rentables y, por lo tanto, la capacidad de pago es la necesaria para realizar inversiones con crédito y para ellos existe un producto específico para cada necesidad de recursos con financiamiento de este tipo de proyectos, que estará en función de varios aspectos como los montos, plazos y conceptos de inversión, entre otros.

Una vez que el empresario se encuentra convencido, identifica sus necesidades y dimensiona el tamaño de su proyecto, se enfrenta con el requerimiento de capital. Actualmente, la oferta de financiamiento es muy amplia, ya que se cuenta con un gran abanico de intermediarios financieros bancarios y no bancarios que se especializan en el otorgamiento de créditos al sector, a través del instrumento financiero más adecuado a las necesidades del proyecto. 

Es importante mencionar que la participación de la banca de desarrollo juega un papel imprescindible en este sentido. Un claro ejemplo son los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA).

*Dulce María Flores Díaz es titular de la agencia de FIRA en Dolores Hidalgo, GTO. La opinión aquí expresada es de la autora y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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