En estos primeros meses del 2018 se ha intensificado un debate a nivel internacional sobre si ha llegado el momento de considerar la creación de un conjunto de reglas que resulten aplicables a las plataformas digitales que hoy en día están presentes en la vida cotidiana de las personas, ya sea mediante comentarios que comparten a través de Facebook o Twitter, a través de imágenes que se comparten en Instagram, contenidos audiovisuales que se comparten en Youtube, o bien, a través de contenidos que se divulgan a través de la plataforma de Google.

A diferencia de hace algunos años, cuando la sola mención de la posibilidad de discutir sobre la conveniencia de regular a este tipo de plataformas desataba airadas reacciones de cientos, miles o incluso millones de personas, sobre todo jóvenes, contra esa posibilidad, bajo el argumento de que la ausencia de reglas es lo que había permitido el crecimiento vertiginoso del Internet, hoy en mi opinión, diversos fenómenos indeseados o no previstos hace apenas seis años, por ejemplo, como es el caso de la propagación sin control de lo que ahora se denomina fake news, del robo cada vez más frecuente de datos personales, la propagación de rumores maliciosos, así como fraudes de diversa índole, han cambiado la visión de muchos que antes abogaban por la no imposición de reglas u obligaciones.

Apenas este domingo, Tim Berners-Lee, a quien muchos consideran el padre del Internet, abogó por la creación de nuevas reglas y estándares para las plataformas digitales, pues, en su opinión, estas plataformas promueven desinformación, así como propaganda política cuestionable, al mismo tiempo que explotan los datos personales de mucha gente.

También, se divulgó un reporte que elaboró el grupo de alto nivel conformado por 39 expertos que designó la Comisión Europea para analizar el problema de las fake news o de la desinformación, como este grupo prefiere referirse a ese problema. Las recomendaciones que hizo este grupo en el mencionado reporte, se inscriben en un enfoque más de autorregulación, que de reglas desde el ámbito legislativo. Las primeras reacciones a este reporte han sido de crítica, sobre todo por parte de grupos de usuarios o consumidores, quienes, de acuerdo con un cable de la agencia Reuters, cuestionan que este grupo de expertos en realidad no entendió qué es lo que motiva o da pie a la difusión masiva de fake news en estas plataformas digitales.

No hay que perder de vista un reporte de varios investigadores del Media Lab del Massachusetts Institute of Technology, quienes el viernes pasado publicaron en la revista Science los resultados de una investigación que llevaron a cabo sobre la propagación de fake news. Para tal efecto, estudiaron la información falsa que se identifica que se difundió a través de Twitter entre el 2006 y el 2017. Su principal hallazgo es que la información falsa llega a mucha más gente que la verdad. Asimismo, que el 1% superior de las “cascadas de noticias falsas” se difundieron a grupos de personas que se ubican en un rango de entre 1,000 y 100,000 personas, mientras que la verdad raramente se difundió a más de 1,000 personas. El tema da para mucho análisis.

Bajo ese contexto, el día de mañana estaremos abriendo el tema a un primer debate en el Senado de la República, en el marco del foro “Fake news: retos legislativos para las plataformas digitales”, en el que contaremos con la presencia de ponentes internacionales con amplia experiencia en la materia. El objetivo es claro: identificar la presencia, dimensión y posibles riesgos de las fake news en México, con la finalidad de identificar las medidas que podrían implementarse para prevenir o mitigar su impacto. No tengo duda de que será un ejercicio de mucha utilidad.

*El autor es senador de la República.

Gerardo Flores Ramírez

Senador de la República

Ímpetu Económico