La inclusión financiera es un tema de vital importancia para los países en vías de desarrollo. Esto, principalmente, ya que es un mecanismo eficaz para la reducción de la pobreza. Además, existe evidencia empírica de que la inclusión financiera de los estratos de ingresos más bajos tiene un efecto positivo en el nivel de empleo, el ingreso promedio y la creación y supervivencia de pequeñas empresas

La Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos y la Red Internacional de Educación Financiera definen la inclusión financiera como “el proceso de promoción de un acceso asequible, oportuno y adecuado a una amplia gama de productos y servicios financieros regulados y la ampliación de su uso por todos los segmentos de la sociedad”. Los principales instrumentos de inclusión financiera son el ahorro y el crédito.

El acceso al financiamiento es un elemento clave en el desarrollo de la economía, ya que por medio de éste se canaliza, oportunamente, el ahorro de la sociedad hacia la inversión en proyectos productivos.

Además, el acceso a un crédito se correlaciona con mejores niveles de bienestar. Por ejemplo, el Censo Económico 2014 (Inegi) reporta que, en el 2013, 25 % de las empresas en México ha obtenido alguna vez un financiamiento; el ingreso de las empresas que obtuvieron crédito fue, en promedio, el doble del de las empresas que no lo obtuvieron.

Por estos motivos, es importante identificar las razones por las que las empresas no acceden a un financiamiento e impulsar políticas públicas para la inclusión financiera de las compañías.

Las empresas del sector primario y rural de México tienen dificultades particulares para acceder al crédito.

Entre las principales barreras para acceder a un financiamiento, se encuentran: la insuficiencia de infraestructura financiera en zonas rurales; la alta fragmentación geográfica; el alto costo de otorgar préstamos pequeños; la poca disponibilidad de servicios técnico-financieros que acompañen a los productores; la presencia de asimetrías de información en los mercados financieros rurales.

También la carencia de garantías de los productores; su orientación comercial mixta (agricultura familiar y pyme rural) y la naturaleza frecuentemente informal de sus negocios.

Según datos de la Encuesta Nacional Agropecuaria 2017 (Inegi), solo 10% de las unidades de producción agropecuaria contó con crédito.

Entonces, tanto el sector rural como el sector primario necesitan políticas especiales para impulsar el acceso al financiamiento, en especial de los pequeños productores.

En México, la banca de desarrollo es un actor fundamental para ampliar, facilitar y consolidar el acceso a los recursos financieros y servicios complementarios para los sectores excluidos o subatendidos.

En la próxima entrega, hablaré de cómo los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA) impulsan el acceso al financiamiento de los pequeños productores de los sectores primario y rural de México.

*Jorge Lara Álvarez es subdirector de evaluación de programas en FIRA. La opinión aquí expresada es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.