“Si va a querer factura le cuesta 16% más”. A pesar de los esfuerzos de la autoridad fiscal por incentivar a comercios legalmente establecidos a que paguen el IVA, sigue siendo muy frecuente la evasión de emitir facturas y por ende de pagar el impuesto. Prefieren la opción de evadir ofreciéndole al cliente el “descuento” de 16%, pero deberá pagar en efectivo. Si bien se han prohibido las transacciones elevadas en efectivo para inhibir el lavado de dinero, típicamente en operaciones de hasta 5,000 pesos no hay mayor dificultad para hacerlo y así darle la vuelta al IVA. Ejemplos abundan. No exigir factura se da a pesar de que se ofrezcan deducciones a ciertos gastos. Al parecer el monto y tipo de deducciones permitidas no son un incentivo poderoso. La autoridad podrá argumentar que esto es evasión de “pequeña escala” y que tiene bien amarrados a muchos más contribuyentes establecidos. Sin embargo, el problema es de actitud y cultura de la ilegalidad que desafortunadamente está muy arraigada.

Y eso que no hemos hablado de la evasión que representa la informalidad. Obviamente cualquier comercio que se encuentre en el mercado laboral informal no paga ningún tipo de impuesto. Por más que se han destacado las desventajas de la informalidad en el sentido de que sus trabajadores o “microempresarios” no tienen acceso a la seguridad social, a la protección laboral, a programas de capacitación, que son más improductivos, que el salario promedio es menor al de la legalidad, etcétera, la cultura de la ilegalidad sigue prevaleciendo. Es más, en México es un orgullo evadir impuestos: es una expresión de astucia.

Las causas son múltiples y adelanto algunas razones. En primer lugar, es una cuestión de educación cívica que desafortunadamente no se inculca desde la niñez, ni en la familia ni en la escuela. En segundo lugar, un estrato amplio de contribuyentes percibe que al tributar no recibe nada a cambio del gobierno. La corrupción también es un factor, pues el contribuyente siente que paga para que el gobierno se robe todo lo que pueda, entonces no se siente mal si no paga. En tercer lugar, aunque ha mejorado, el SAT sigue teniendo falta de autoridad para simplificar, vigilar y observar el cumplimiento de las obligaciones. Los comercios se quejan de la nueva versión 3.3 para emitir facturas. Con ese pretexto, se ha vuelto una práctica común que no se emita la factura respectiva. El SAT argumenta que en su página hay una ventanilla para denunciar estas prácticas y prometen darle seguimiento, lo cual nunca sucede. Al SAT no le interesa “corretear” a los pequeños y medianos contribuyentes.

Al final, insisto en que debemos promover una verdadera cultura cívica en favor de la legalidad y de erradicación de la corrupción. Es educación de largo plazo, pero de otra manera no disminuirán la evasión fiscal, la informalidad y la piratería.