El coronavirus SARS-CoV2 resultó de una inteligencia superlativa. Pareciera que el virus nos observaba y cazaba desde hacía tiempo como un depredador. La enfermedad Covid-19 no sólo ataca con presteza las vías respiratorias sino el principio creador de la civilización contemporánea (la economía) y lo que nos hace más humanos: la sociabilidad. El patógeno nos tiene confinados, aislados, al borde del colapso económico y el desempleo generalizado.  

Nuestra civilización de la hiperabundancia de imágenes está tratando de enfrentar a un enemigo invisible que se inocula con alevosía y ventaja. Pero la pandemia también nos cambió el chip mental a muchos. Pasamos del no se puede típico de gobiernos controladores al sí se puede de la solidaridad y la supervivencia. De la noche a la mañana transitamos del papeleo y la tramitología a la sencillez de las soluciones digitales. Del cobro con cheque al depósito bancario. Del dinero lleno de microbios a las transferencias electrónicas.

Pasamos de saturar las vialidades para llegar a una reunión a reunirnos a distancia vía una teleconferencia. La sociabilidad y los encuentros son insustituibles, pero ¿es racional pasar horas estresados en el tráfico?

Durante años los gobiernos y los políticos desprestigiaron a los maestros para lograr sus intereses. Hoy los profesionales de la educación están impartiendo clases en línea para salvar el ciclo escolar. Se menospreciaba a los profesores a distancia versus los presenciales pero hoy se reconocen su esfuerzo, habilidades digitales, capacidad de organización y planeación. Los maestros son esenciales en la sociedad y tendríamos que revalorarlos el día después de la emergencia.

Sí se puede tener una consulta médica en línea, descongestionar el sistema de salud, sí se puede acabar con la burocracia y los malos tratos ya, recibir una receta médica por teléfono y las farmacias sí pueden surtirla viendo la pantalla del dispositivo sin que nos pidan el pepelito.  

Sí se pueden hacer todos los trámites en línea y pagar los servicios desde la comodidad del hogar. Sí se pueden hacer las compras en Internet y tener más tiempo libre. Los adultos mayores sí pueden aprender a usar la tecnología y comunicarse a distancia con sus seres queridos.

No todo es optimismo. La pandemia evidenció insuficiencias: de los gobiernos para diseñar políticas públicas que permitan abatir la brecha digital en un tiempo más corto; de los reguladores de ampliar su visión más allá de los temas de competencia y garantizar derechos fundamentales; de los alcaldes para que eliminen las barreras al despliegue de infraestructura; de hogares y personas que cerecen de las TIC y conectividad para hacer sus actividades.

El mundo físico sigue siendo violento y las redes de Internet se volvieron más inseguras durante la pandemia. Esa es una consecuencia indeseable de la Sociedad de la Información que crea delincuentes de la información; hay que combatirlos con tecnología, inteligencia y prevención.

Los medios han mostrado a los héroes de la pandemia que comprometen su salud. En primer lugar el personal sanitario, policías, operadores del transporte público, quienes hacen alimentos, mensajeros que nos llevan el mandado a la casa. Hay otros héroes que no vislumbramos: los ingenieros y telefonistas que le dan mantenimiento a las redes de telecomunicaciones para que sigamos conectados, para impartir o recibir educación, digitalizar la salud, para el trabajo remoto, para que las transacciones financieras se hagan, para que la economía no colapse y esa misma economía repunte lo más pronto posible. Esos técnicos realizan un trabajo esencial para que Internet siga funcionando.

El sector de las telecomunicaciones contó a finales de 2019 un total de 209 mil 077 empleados, de los cuales 34.4% eran mujeres. La industria también crea miles de trabajos indirectos. Muchos de esos empleos están en riesgo si no se garantiza la viabilidad financiera del sector. Ninguna medida política o regulatoria debiera atentar contra su sostenibilidad porque perdemos todos.

Como otros negocios durante la emergencia, las telecomunicaciones también están pasando momentos difíciles. El sector ya venía cayendo. El 2019 fue el peor año para el PIB del sector telecom desde que se aprobó la reforma constitucional en la materia. Cerró el año con un acumulado de 3.2%. Este porcentaje del PIB es el más bajo desde 2010. El segundo trimestre del mismo año fue el más adverso para la industria, pues decreció 4.4%, situación que no ocurría desde finales de 2013 y la segunda caída más estrepitosa desde julio-septiembre de 1997.

¿Realmente queremos volver a la normalidad? La nueva normalidad tiene que ser plenamente digital. Estimular al sector sería una buena recompensa por todo lo que está haciendo bien durante la pandemia.

Tiempo fiscal. El Presidente López Obrador redujo 40% el tiempo fiscal que pagan en especie los concesionarios de radio y televisión. Se trata de un favor a esos industriales. Ningún otro sector de la economía ha recibido un estímulo fiscal. El beneficio no se debe a la pandemia porque el Ejecutivo Federal lo comprometió desde noviembre de 2019 en la comida anual de la industria de la radiodifusión, pero el decreto lo publicó ayer en el Diario Oficial de la Federación. Lo hizo para congraciarse con los empresarios de la tadio y la TV.

El primer mandatario quiere que los medios electrónicos hablen bien y bonito de sus políticas y gobierno. Cuando eso no ocurre, el Presidente se esmera en descalificativos a la prensa, los medios y los periodistas. Desde el púlpito de la conferencia matutina él decide qué periodista no es profesional, infaliblemente quienes lo cuestionan.

El Presidente incumplió su palabra: dijo que no condonaría impuestos a los empresarios y lo hizo sólo con los radiodifusores. El decreto presidencial se lleva entre las patas el derecho a la información de la sociedad sobre asuntos de interés público y las campañas de comunicación social de los poderes Legislativo, Judicial y los organismos autónomos. Si en algo valoran sus propias políticas y el derecho a la información, esas instituciones afectadas deberían iniciar una acción legal contra el decretazo de AMLO.

Al Presidente no le gusta que lo comparen con sus adversarios, pero en el tema del tiempo fiscal AMLO se asemeja a Fox en favores a los medios. Se afilia a la mafia del poder que tanto criticó, que entre otras cosas le otorgaba prebendas a los radiodifusores con recursos del Estado.

*El autor es presidente de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (Amedi.

Twitter: @beltmondi

Jorge Bravo

Analista de medios y telecomunicaciones y académico de la UNAM

En comunicación

Estudio los medios de comunicación, nuevas tecnologías, telecomunicaciones, comunicación política y periodismo. Autor del libro El presidencialismo mediático. Medios y poder durante el gobierno de Vicente