Según datos del Banco Mundial, México es un país sumamente subancarizado. Entre la población mayor a 15 años, sólo cerca de 37% tiene una cuenta bancaria; cifra muy por debajo de la lectura de América Latina. Esta situación es más notoria para las personas con menores ingresos, ya que, dentro de 40% de la población más pobre, sólo 25.8% tiene cuenta y 5.2% accedió a un crédito por una institución bancaria el año pasado

Con un mercado potencial tan grande, es normal el surgimiento de empresas que quieran atender este mercado, por el cual la banca tradicional no se ha dado abasto.

Las microfinancieras son instituciones que se dedican, como su nombre lo indica, a otorgar microcréditos. Sin entrar en tecnicismos, esto quiere decir que prestan cantidades relativamente pequeñas de dinero.

¿Qué tan pequeñas? Eso depende de la institución y del producto. Como es de esperarse, estas instituciones atienden a clientes de segmentos bajos, muchas veces rurales.

Estos clientes no tienen acceso a la banca tradicional, no cuentan con historial crediticio y muchas veces tampoco cuentan con avales u otras garantías. Por dicha razón se consideran más riesgosos, así que las tasas que cobran las instituciones son más altas.

Aunque lo anterior suena bien, no todo es tan fácil para las microfinancieras. Para empezar, fondearse es más costoso que para un banco.

En la mayoría de los casos, estas empresas recurren a la deuda para conseguir recursos, lo que las hace sensibles a los aumentos en tasas de interés; adicionalmente, los costos de operación suelen ser mayores a los de la banca tradicional.

Las microfinancieras deben ser cuidadosas en la colocación de créditos, toda vez que los índices de morosidad pueden deteriorarse. Además, enfrentan una competencia importante proveniente tanto del sector mismo como de otras instituciones no bancarias, como empresas fintech, entre otros.

Con este contexto, hay que recordar que estamos en un entorno de tasas de interés elevadas y crecientes. Eso quiere decir que el margen financiero de estas empresas seguirá presionado, lo que podría contener su crecimiento.

Un ejemplo de estas empresas, y que se encuentra dentro de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), es Gentera, mejor conocida por su principal línea de negocio en México, Compartamos Banco; es una entidad cuyo principal producto en México son los créditos grupales a mujeres y comerciantes.

Aunque también opera en Perú y Guatemala, nuestro país es su mercado más importante. La empresa ha llevado a cabo una agresiva expansión en sus líneas de negocio, activando una red de comisionistas e incursionando en seguros y remesas.

El plan fue tal vez demasiado agresivo y en el 2017 pasó factura de los resultados, ya que, al tratar de enfocarse en otros negocios, el principal se vio mermado.

En el 2017, la cartera de Compartamos Banco, la división mexicana, bajó casi 13% y, aunque el segmento de Guatemala presentó buen dinamismo, no fue capaz de compensar la caída.

Adicionalmente, en un año prácticamente duplicó el número de sucursales, lo que incrementó los gastos operativos.

Para este año, los desafíos continuarán. Sin embargo, puede que empiece a ver la luz al final del túnel.

La compañía comenzó hace tiempo un proceso de repricing en sus productos, lo que dará cierto impulso a los márgenes. Si todo sale bien, el próximo año podría retomar los crecimientos. Además, para esas fechas completaría la integración de ConCrédito, una empresa que utiliza un modelo similar al de ventas por catálogo para colocar créditos. No obstante, habrá que ir viendo los resultados en el tiempo.

Por otra parte, está Crédito Real, que ostenta la figura de sofom ER (sociedad financiera de objeto múltiple Entidad Regulada). Como tal entidad, no se le tiene permitido captar depósitos, caso diferente a la empresa anterior.

Crédito Real opera en México, Estados Unidos, y varios países de Centroamérica, aunque nuevamente, el principal negocio está en el primero. La principal fuente de ingresos es el crédito con descuento sobre nómina.

La mayor parte de los créditos están ubicados en el sector educativo, y más de 35% se otorgan por originación centralizada. Esto acarrea cierto riesgo, si es que se lleva a cabo un proceso de descentralización de nóminas, aunque la empresa ha mencionado que considera a este escenario altamente improbable.

La emisora ha reportado sólidos crecimientos en los últimos trimestres, tanto en volúmenes como en resultados. Además, la emisión de un bono perpetuo a finales del año pasado le permitió mejorar la estructura de capital.

Como en todas las industrias, hay empresas en buen momento y otras en transición. De lo que no cabe duda es que, al enfocarse en un sector subatendido, el potencial de crecimiento sigue siendo grande.

*Manuel González es analista en Interacciones Casa de Bolsa.