La industria automotriz en el mundo se encuentra frente a una significativa transformación como consecuencia de la adopción de tecnologías disruptivas. Se incluyen, entre éstas, la gradual sustitución de los sistemas de propulsión basados en motores de combustión por los motores eléctricos, la conectividad al entorno del Internet de las Cosas (IoT, por su sigla en inglés) y el desarrollo de vehículos autónomos.

Países como China, EU, Alemania, Reino Unido, Noruega y Francia han dado impulso a la adopción de vehículos eléctricos y hoy cuentan con programas y regulaciones que reafirman su aceptación.

Además, en varias ciudades del mundo, como Londres, Madrid, Sevilla u Oslo, las autoridades han empezado a restringir la circulación de autos que utilizan diesel; incluso algunas ciudades y gobiernos van aún más lejos, pues ya han anunciado la prohibición a la venta de autos que utilizan combustibles fósiles a partir del 2025.

Estimaciones de algunos expertos indican que si bien en Estados Unidos la participación de autos eléctricos representará apenas 1.5% de las ventas totales de automóviles en 2018, el equilibrio de costos de fabricación entre los autos eléctricos y los impulsados por combustibles fósiles se presentará para 2025, lo que estimulará, en gran medida, la venta de vehículos eléctricos; asimismo, para el 2050, 60% de los autos vendidos en ese país serán los que incluyan esta tecnología.

Cabe señalar que en el 2017 95% de las ventas de estos vehículos se concentraron sólo en 10 países: China, Estados Unidos, Japón, Canadá, Noruega, Gran Bretaña, Francia, Países Bajos, Suecia y Alemania.

México ha logrado ocupar un destacado lugar en la industria automotriz en el mundo, misma que mostrará en Hannover Messe el próximo abril, pero enfrenta el reto de integrar sus reconocidas capacidades con las nuevas tecnologías y modelos de negocio que presenta la industria, lo que requiere de una estrategia nacional para impulsar su transición hacia las nuevas cadenas globales de valor.

El no hacerlo o hacerlo a destiempo podría afectar la dinámica de ésta y otras industrias del país, pues debemos considerar que los autos eléctricos utilizan, en promedio, 25% menos partes que los autos convencionales, como pueden ser sistemas de combustión, escape y lubricación, entre otras, y que además requieren menos mantenimiento, y por lo tanto consumen un menor número de piezas de remplazo.

Lo anterior significa que varias líneas de proveeduría de partes que no son utilizadas en los autos eléctricos se verán afectadas, por lo que deberán transformarse para fabricar otros componentes, integrarse a nuevos sectores o, en el peor de los casos, desaparecerán.

Si bien es cierto que los cambios tecnológicos en los autos no se presentarán ni al mismo tiempo ni en todos los mercados, es necesario reconocer que la transformación se está presentando de una manera más acelerada que lo que cualquier pronóstico de hace algunos años preveía. Sin duda, algunos de los principales factores para la adopción de los autos eléctricos son: la contaminación en las grandes ciudades, ya que se estima que 80% de ésta proviene de los vehículos de combustión y, por otro lado, los nuevos jugadores del sector, los cuales buscan hacerse de un lugar en el nuevo sector automotriz.

La industria automotriz ha sido uno de los motores más importantes para el desarrollo y crecimiento económico de México, de ahí la importancia de impulsar su inserción en el sector del futuro. Es por ello que ProMéxico identifica oportunidades de negocio que permitan aprovechar la plataforma de desarrollo existente y, análogamente, generar nuevas capacidades que nos permitan mantenernos como un jugador relevante en las cadenas globales de valor.

*El autor trabaja en la Unidad de Inteligencia de Negocios de ProMéxico