Dentro de la estructura de costos de producción de carne de cerdo, el concepto mano de obra participa en promedio con menos de 5% del total, mientras que el de prestaciones sociales correspondientes es una práctica aleatoria o inexistente en las granjas

Si a estas prestaciones se le agrega que en las empresas no hay definido un perfil del colaborador en la producción, ni se cuenta con programas de inducción, planes de capacitación, desarrollo laboral y personal de los colaboradores ocasiona un impacto directo al negocio.

No contar con personal calificado provoca baja en la productividad de la granja, exhibiéndose diferencias significativas entre granjas y lotes, reflejadas en la conversión alimenticia, ganancia diaria de peso y, por supuesto, en kilos logrados al final de la etapa, que van desde 1% hasta más de 5%, que al ser multiplicado por el número de animales y precio del alimento o precio de venta, se visualiza un ingreso que se dejó de recibir.

También es necesario considerar aspectos sobre el nivel de las expectativas de desarrollo de los trabajadores, ya que al no contar con un proceso de inducción a las actividades dentro de la granja, el puesto a ocupar, funciones, posición en la empresa y el papel de la empresa en el contexto de la red de valor, ocasiona que se presenten altas tasas de rotación del personal (11%), se cita por ejemplo, que el tiempo de permanencia de un colaborador en su primer empleo en una granja porcina es de aproximadamente dos años y si consideramos que la curva de aprendizaje de ellos va de tres meses hasta un año, se reduce el trabajo efectivo a la mitad.

Si el personal no renuncia, se le asigna un nuevo encargo, “las multitareas”, mismas que debe desarrollar además de su trabajo cotidiano, e incluso, debe cubrir huecos de personal que surgen durante el proceso por causas diversas.

Las empresas buscan gente joven ya que el desgaste físico es alto, las condiciones de trabajo muy demandantes en horario, temperaturas oscilantes, y experiencia necesaria. Se menciona, por ejemplo, que un casetero requiere alrededor de 3,800 kilocalorías para ejecutar su trabajo, luego entonces, y al paso del tiempo, se presentan situaciones relacionadas con obesidad, enfermedades metabólicas por dietas y hábitos de alimentación inadecuados utilizados para cubrir las necesidades de energía de los colaboradores.

Lo más importante de este tema es que la industria porcícola ha tomado cartas en el asunto y la prueba es que este tema ya se aborda en foros de productores con bastante seriedad, profesionalismo y actitud laboral con visión de bienestar hacia los colaboradores, ello, tendiente a la profesionalización y generación de mano de obra calificada y especializada, que tendrá que reflejarse en una mayor permanencia de los empleados, lealtad a la empresa y una mayor productividad en beneficio de ambas partes.

*Eduardo Trejo González, especialista de la Dirección Técnico y de Redes de Valor de FIRA. La opinión aquí expresada es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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