Una de las palabras más utilizadas por el presidente en sus comparecencias mañaneras es la de pueblo, a la que suele añadir el calificativo de bueno. Su concepción de pueblo resulta fundamental para entender su visión de la sociedad y la política.

La Real Academia de la Lengua Española (RAE) define pueblo como un “conjunto de personas de un lugar, región o país” y también como “gente común y humilde de una población”.

Pueblo también se utiliza para referirse a las distintas etnias, razas o culturas que forman parte del tejido social de una nación.

De las distintas intervenciones del presidente derivo que, para él, pueblo es una masa informe compuesta por individuos aislados. Forman un conglomerado genérico al que él representa. Es el único que sabe con exactitud lo que éste quiere y necesita.

En su concepción, el pueblo no debe representarse a sí mismo y tampoco necesita de organizaciones que manifiesten sus causas, sus necesidades y tampoco que luchen por ellas. Él está para eso.

Cada vez que algún grupo del pueblo se manifiesta por sí mismo, para plantear sus causas y demandas (mujeres, padres de niños con cáncer, comunidades indígenas...) él los descalifica de inmediato y acusa de enemigos del gobierno y aliados de los conservadores. En ese momento dejan de ser pueblo.

El catalizador que permite saber si los individuos son o no pueblo pasa por apoyar o no al presidente y su gobierno. Pasa por comulgar con sus ideas e iniciativas, aunque los resultados de éstas vayan en contra del pueblo. La fidelidad incondicional es lo único que cuenta.

Que alguien del pueblo se atreva a pensar por cuenta propia y decida a partir de su visión del mundo qué le conviene, el presidente no lo admite, porque es poner en duda o cuestionar que él y sólo él representa al pueblo.

Ese pueblo, el bueno y verdadero, se relaciona de manera directa con el presidente y con el gobierno, sin ningún intermediario, a través de los programas sociales.

Al pueblo bueno, el conglomerado informe se le pretende controlar y alinear a través del dinero que ofrecen los programas sociales, con evidente intención electoral, a nombre del presidente y su gobierno.

En ese marco, para el presidente no deben de existir las organizaciones de la sociedad civil, independientes y autónomas del gobierno. Hay que eliminarlas o bloquear su desarrollo. Son una amenaza a su proyecto.

Para ser pueblo se requiere que los individuos se sometan a su líder y guía. En la visión del presidente quien no lo haga siempre será un enemigo potencial.

En números, el pueblo, para el presidente son 70% de la población. El otro 30% no tiene tal estatuto y es el grupo social al que califica de conservador o neoliberal sin definir nunca lo que esto significa.

Twitter: @RubenAguilar

Rubén Aguilar

Asesor Político

Convicciones

Licenciado en filosofía, maestro en sociología y doctor en ciencias sociales por la Universidad Iberoamericana (Campus Santa Fe, México). Tiene estudios de comunicación en el ITESO (Guadalajara, Jalisco) y de desarrollo institucional en el INODEP (París, Francia). De 1966 a 1979 estuvo en la Compañía de Jesús.