Actualmente las funciones clave para el desarrollo que se le reconocen a la agricultura, son: su dinamismo en la generación de divisas, ser motor del crecimiento económico, catalizador en la reducción de la pobreza, factor de mejora de la equidad en la distribución del ingreso, además de ser un sector que acomete frontalmente los problemas de seguridad alimentaria y, el que mayores posibilidades tiene de lograr la sostenibilidad ambiental, lo que la hacen un sector relevante por su contribución en favor del desarrollo nacional

De igual manera, es necesario considerar que el sector agropecuario, después del sector energía, es el que más contribuye a la generación de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en México, del orden de 12.3% de emisiones de GEI nacionales.

La productividad agrícola ha crecido modestamente; durante los últimos 35 años, el rendimiento de los cereales creció en total 63.5%; el de las leguminosas, en 15%; los cítricos, en 27%; las oleaginosas, en 46%; específicamente, el rendimiento del frijol se incrementó 27%, y el del maíz lo hizo en 80 por ciento.

Los ingresos por exportaciones agroalimentarias son superiores a los ingresos por turismo, remesas o petróleo, donde los dos principales productos agropecuarios exportados fueron aguacate, con 1,606 millones de dólares, y jitomate, con 1,616 millones de dólares. Este sector, durante los últimos dos años, está retomando su preponderancia en la generación de divisas para el país.

Se reconoce y focaliza cada vez, al construir la agenda global del desarrollo, el papel de la agricultura, puesto que de los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio, la agricultura está relacionada con todos éstos y es fundamental para el logro de al menos tres reducir la pobreza y el hambre, incrementar la equidad de género y la administración sostenible del medio ambiente. En suma, el rol de la agricultura en el desarrollo es crítico para el logro de estos objetivos y para asegurar el orden mundial. Sin embargo, lograr estos objetivos para el caso de México entraña conservar a la agricultura como un sector en el primer plano de la agenda nacional.

Los retos que enfrenta la agricultura mexicana en esta primera mitad del siglo XXI son: alimentar a los mexicanos, contaminación ambiental; incrementar los ingresos de la población rural; ser el detonador del empleo y desarrollo rural; lograr su sostenibilidad tanto en el uso de recursos naturales como financieros; esto será posible considerando presupuestos multianuales, debidamente focalizados, soportados por políticas públicas multisectoriales de largo plazo, políticas que en esencia se enfoquen en los lugares y no en los sectores y que den énfasis a la inversión en lugar de a los subsidios. Una agricultura que sea analizada y apoyada bajo el nuevo paradigma del desarrollo.

*Pedro Díaz Jerónimo es subdirector técnico y de Redes de Valor de FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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