Uno de los fenómenos evidentes, que quedaron latentes por la pandemia, fue el malestar de buena parte de las sociedades sobre la situación que vivían, en particular con respecto de la economía. Eso se manifestó en altas votaciones por alternativas políticas de derecha extrema, o en el triunfo de opciones absurdas como el Brexit, o en enormes manifestaciones en países que habían sido relativamente estables en los últimos años, como Chile y Colombia.  Mark Blyth, el gran crítico del manejo de la crisis de 2008 y Erik Lonergar, que administra un importante fondo de inversión, discuten en el libro Angrynomics el gran descontento de las mayorías de distintos países. Descartan el argumento sociológico por circular. Racismo y desconfianza ante la autoridad siempre ha habido, el punto es explicar por qué se manifiesta ahora.

Piensan que, además de la creciente desigualdad, las personas enfrentan una gran incertidumbre, por varias razones, el envejecimiento, el cambio tecnológico, pero de manera muy importante, la falta de instituciones que garanticen cierta estabilidad económica a lo largo de la vida de las personas, especialmente a las de menores ingresos. Eso a pesar de que la riqueza es la mayor de la historia. El descontento es evidente después de la crisis del 2008, sus efectos fueron devastadores en la vida de muchísimas personas, pero incluso en países que tuvieron una recuperación económica rápida después de la crisis, como Estados Unidos, donde la administración Obama pudo recuperar el crecimiento y el empleo, el descontento se incrementó y llevó a la gente a apoyar opciones de extrema derecha. El problema es que el desmantelamiento de las instituciones de la post guerra, que ofrecían cierta seguridad en términos de ingresos, estabilidad laboral y acceso a servicios públicos hace rato que fueron debilitadas.

Lonergar y Blyth apoyan las medidas para reducir la desigualdad y ofrecer estabilidad económica: regular mejor el sistema financiero, establecer impuestos a las herencias, al patrimonio y a los productos y ventas que se desarrollan entre países, incrementar los impuestos a la renta de las personas, eliminar los paraísos fiscales, ofrecer servicios gratuitos de educación y salud. Pero consideran que todo eso sería insuficiente, en parte porque no existe el espacio político para gravar tanto el ingreso y el patrimonio. Se requieren nuevas ideas y soluciones. Proponen aprovechar las muy bajas tasas de interés, para generar fondos públicos que se formen por bonos cupón cero o tasas muy bajas, y que inviertan en empresas nacionales, ya que la economía crece más que las tasas. Esos fondos, que no tendrían un costo fiscal, invertirían en empresas verdes, desarrollando tecnología útil para la sociedad e incluso en las que se encuentran en riesgo por contingencia económica, para conservar empleos. Esos fondos, poseedores de acciones de las empresas, influirían en sus decisiones corporativas para buscar fines sociales. Otra idea es cobrar por el uso que hacen las grandes empresas de internet por el uso de datos de las personas. En lugar de inhibir la innovación tecnológica,  simplemente cobrar por el uso de un bien público, la información, a empresas que tienen una enorme rentabilidad, y un gran ingenio para mover sus registros de ingreso de país en país para reducir al máximo el pago de impuestos. Proponen también que, así como los bancos centrales reducen las tasas para impulsar la economía, ahora con poco éxito por el nivel tan bajo de las mismas, pudieran transferir recursos de manera directa a las personas, para que incrementaran su consumo, o pudieran adquirir un crédito subsidiado.  Como las personas son cada vez de una edad mayor, enfrentan enormes cambios tecnológicos y fenómenos de globalización, en muchos de ellos también de migraciones, fuera de su control, entonces es cada vez más importante reducir la incertidumbre económica. De otra manera, la democracia estará en riesgo, por más que se tengan intenciones de construir mejores instituciones de gobierno y mecanismos efectivos que promuevan el diálogo social.

Vidal Llerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.

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