Logré evadir el problema varias semanas. Me parecía demasiado doloroso como para ponerle atención. Amo el mar y amo a los animales, y la noticia del derrame petrolero que ocasionó la explosión de una plataforma de la compañía British Petroleum (BP) en el Golfo de México me resultaba insoportable por lo que significa para la vida y el futuro ecológico de esa región. L

legó entonces a mi puerta la edición semanal de la revista Time con una pregunta interesante: ¿qué significa el derrame para el futuro de la energía en el mundo? Y aún más interesante: ¿marcará este desastre natural el cambio de paradigma energético del consumidor más grande del planeta, Estados Unidos? Decidí entrarle al tema. Las preguntas lo valían.

Saco del asunto tres grandes conclusiones:

1. El desastre ha abierto el debate en torno de la dependencia petrolera estadounidense y le ha dado más fuerza a las voces que desde hace tiempo empujan la idea de crear para ese país, y para todo el mundo, una política energética inteligente, verde y pragmática . Se dice fácil, pero para un país cuya producción energética depende en casi 40% del petróleo, desarrollar esa estrategia no es nada sencillo.

2. A los tradicionales promotores de energías verdes se les han unido a raíz del desastre de BP nuevos y poderosos grupos que -efectivamente- tendrían forma de incidir y comenzar a transformar la política. ¿Los más notables?

Políticos locales y nacionales que representan a los estados de la costa este

estadounidense, así como a uniones de pescadores y productores costeros. Un grupo que, encaminado hacia la dirección correcta, no es nada despreciable.

3. La industria multinacional de la explotación de pozos offshore ha estado operando durante décadas con muy poca supervisión gubernamental. Los consejeros políticos de la administración del presidente Barack Obama calculaban dejar esta actividad con poca o nula regulación para que los republicanos aceptaran discutir la reforma energética del Mandatario. La explotación de pozos offshore era el regalo del Presidente a los intereses del Partido Republicano ligados a las compañías petroleras mundiales.

El derrame en el Golfo cambió completamente el escenario político en el que se pretendía dar el debate energético en EU. Lo radicalizó. El reto es que Obama logre convencer a ambos lados de que hay un punto intermedio entre regulación absoluta y la política de drill baby drill, con la que hasta ahora se estaban llevando a cabo estos negocios. Tendrá que convencer también a los consumidores estadounidenses de que vale la pena comenzar a transformar la canasta energética y dejar de consumir tanto petróleo.

Es momento de discutir el tema. Los mexicanos también deberíamos hacerlo. La clave del futuro energético y del desarrollo de energías alternativas al petróleo está en desarrollar esquemas de financiamiento e investigación que permitan transitar de una fuente a otra sin alterar el mercado energético mundial de forma abrupta. Estados Unidos invierte al año 18,000 millones de dólares en desarrollo de tecnologías verdes y China 34,000 millones. No es suficiente, no si queremos que las escenas del Golfo no se repitan con cada vez más frecuencia en nuestras pantallas de televisión.

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