El Inegi acaba de publicar los resultados del Censo de Población y Vivienda para el 2020. Se trata de un esfuerzo mayúsculo que se lleva a cabo cada 10 años y que, tratándose del 2020, es particularmente significativo porque se llevó a cabo al inicio de las restricciones sanitarias del año pasado.

Son muchísimos los datos que se podrán analizar en las siguientes semanas y meses de la información del censo, pero hay varios que por su impacto resulta fundamental señalar.

En primer lugar, si bien desde los censos del 2000 y el 2010 era evidente una asimetría entre las proporciones de hombres y mujeres, al contrastar las pirámides poblacionales de cada censo, esta se ha hecho más notoria. Con excepción de los primeros escalones por rango de edad, (que para efectos censales se dividen en cinco años como de cero a cuatro, de cinco a nueve, y así sucesivamente hasta llegar a 80 o más), las mujeres consistentemente amplían su proporción mayor respeto de los hombres en cada uno de los grupos de edad. Una mayor proporción de mujeres, pero en un entorno de menores salarios y de menor contribución de ese grupo a la fuerza laboral, evidentemente genera un efecto negativo sobre su potencial aportación al crecimiento económico del país. 

Por otro lado, el censo del 2000 fue el último en el que el grupo de menor edad (cero-cuatro años) fue el de mayor tamaño. En el censo del 2010 ya este grupo fue ligeramente inferior al de cinco y nueve años; pero la reducción que se observa en el censo 2020 muestra un aceleramiento de la tendencia. Esta contracción de la natalidad tiene un efecto sobre la tasa de reemplazo la relación entre nuevos nacimientos y defunciones, que a su vez tiene un efecto demostrado en muchos países en el largo plazo sobre el potencial de crecimiento económico.

Otro dato relevante que se desprende del nuevo ejercicio censal es que, a nivel global, la tasa de dependencia se ha reducido significativamente y hoy se encuentra en 50% la población. De acuerdo con los propios datos del Inegi la razón de dependencia del 2010 era ligeramente superior a 70 por ciento. 

Esta notable caída implica que, para efectos prácticos, ese supuesto bono demográfico que durante décadas anticipamos como la gran oportunidad de crecimiento para nuestro país, ya llegó y se irá con más pena que gloria. Si bien desde antes había sido evidente que no habíamos creado los empleos necesarios para, si no aprovechar, por lo menos impedir que éste contribuyera a una ampliación de la brecha salarial y de empleo; con el efecto estructural adicional y de mediano plazo que ya provocó y seguirá provocando la pandemia en el mercado laboral, tendremos un factor adicional que presionará la ya negativa la estructura de los salarios y de las remuneraciones en el país.

Los datos que arrojó el censo son fundamentales para entender cómo y qué tan profundamente ha cambiado nuestro país, en algo tan complejo como su estructura poblacional. Las soluciones que se diseñen a nivel de política pública y la visión que desde el sector privado debe darse para enfrentar los retos del futuro, deben ante todo reconocer que el mundo que conocíamos no existe más y que, sin una visión clara, novedosa y con acciones inmediatas, el daño al futuro económico del país y de las familias será irremediable.

raul@martinezsolares.com.mx

Raúl Martínez Solares

CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo

Economía Conductual

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

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