De las 13 a las 187 páginas. Sencillas o rebuscadas. Cada partido con sus entendederas de lo que es una plataforma electoral. Si no existe una estructura de integración, o si la hay, que cada quien la resuelva como guste.

Se sufre menos la lectura de pocos caracteres cuando la narrativa y la forma de presentación están elaboradas para cubrir el expediente. Para reventar el interés analítico. Difícil estar con el consejero del INE, Ciro Murayama, cuando escribe que “la plataforma es el documento político programático más decantado de cada partido” (Milenio, 1 de febrero). Hay que reprocharle al órgano electoral su incapacidad de obtener “rigor y consistencia” en este tipo de mamotretos.

La “capacidad de diagnóstico” que festeja Murayama, tienen en el capítulo cultural una evidencia de la ignorancia partidista y de la condescendencia del INE. Lo bueno es que este montón de páginas se irán al olvido.

Más le vale a Encuentro Social, que a locas cita la importancia del fomento a la lectura. O del PRD (cómodas 13 páginas), que aboga por hacer de la cultura “recurso estratégico del desarrollo durable”, e instaurar lo ya creado, el “bono cultural”. Los de Nueva Alianza, perdidos en los lugares comunes del “Arte, cultura y deporte”. La Morena de AMLO también omite lo cultural, y ni siquiera retoma por decoro algo de su ladrillo “Proyecto de Nación”.

Aunque su presidente de la República creó la Secretaría de Cultura, a los redactores del PRI no se les ocurrió ocuparse del asunto. Bueno, en un lugar hablan de que nos permitirán el “reconocimiento, disfrute y preservación del patrimonio cultural”. Sus aliados del Verde Ecologista hicieron de lado el asunto, mientras que para el Partido del Trabajo tampoco existe.

Las similitudes de las plataformas del Movimiento Ciudadano y del PAN son tantas, que la duda es quién copió a quién. La simbiosis los llevó a la inscripción de sus arengas, además de poner en circulación otra versión bajo la Coalición Por México al Frente. Si bien hay que reconocer que son al menos los más articulados en lo que al sector cultural atañe, están lejos de ser lo que el consejero Murayama quisiera en cuanto a “consistencia programática”, “rostro ideológico” y de “vocación de comprensión y transformación de la realidad nacional”. Leamos algunos aspectos.

Si el Frente gana establecerá “una política cultural de Estado que estimule la producción y consumo de bienes y servicios culturales nacionales, que afiance nuestra identidad cultural y proyecte la producción cultural de México en el mundo”. Ofrecen “incorporar el enfoque de industrias culturales, en las políticas públicas sobre cultura, y vincularlas con las políticas de desarrollo económico”.

Se indica que se habrá de “fortalecer la diversidad cultural regional del país, descentralizando los programas culturales, para estimular que las instituciones estatales y privadas sean copartícipes en el diseño y financiamiento de las actividades culturales” y establecer “un programa de inversión en cultura, con participación del sector público y privado, para llevar adelante intervenciones culturales en zonas marginadas para influir en la recuperación de los espacios públicos a través de la generación de cohesión social”.

Estas intenciones podrían transformarse en una propuesta hacia la reforma cultural que demanda el sector, en la cual se deben inscribir aspectos como los relacionados con la diplomacia cultural. De ahí que sea interesante la noción de establecer un “Comité Consultivo Ciudadano de Política Exterior, que permita y promueva una mayor participación de la sociedad en los asuntos de política exterior, en coordinación con la Secretaría de Relaciones Exteriores”. Y tan tan: archívese.

asesoresencultura@yahoo.com.mx

 

Eduardo Cruz Vázquez

Periodista

En el paredón

Periodista, gestor cultural y exdiplomático, experto en economía cultural, formación de emprendedores culturales y gestores de diplomacia cultural