Es una creencia generalizada que la pandemia incrementó la desigualdad y redujo el ingreso per cápita; así como que este efecto ha sido más grave en los países pobres.

Pero de acuerdo con el estudio “Covid-19 and Global Income Inequality” de Angus Deaton, premio Nobel de Economía, la primera parte de esa aseveración es correcta, pero la segunda no lo es.

Deaton, uno de los mayores especialistas en pobreza y su medición señala que, a reserva de los posibles errores de medición en la información, los países pobres han padecido menos muertes per cápita que los países más ricos y que la pérdida de ingreso per cápita en los países está relacionada con el número de fallecimientos per cápita de cada país.

Los 97 países más pobres perdieron 5% de su PIB per cápita por la pandemia, mientras que los 96 países más ricos, con ingresos per cápita más de seis veces superiores, perdieron el 10 por ciento. Ello parece corroborar que la disputa entre aceptar más muertes para no frenar la economía fue falsa. Mas muertes provocaron una caída mayor de la economía.

A reserva de que los datos están sujetos a revisión en los países, existen elementos para entender por qué se ha producido este impacto mayor en países de mayor nivel de ingreso.

Las primeras oleadas de la pandemia, con tasas de mortalidad más altas, afectaron a los países que tenían mayor grado de comunicación y que, sin información suficiente y en muchos casos con descuido de las autoridades sanitarias, recibieron un golpe fuerte cuando la tasa de mortalidad fue mayor; como ocurrió en muchos países europeos.

La población inicialmente golpeada fue urbana y económicamente activa. Aun cuando en los primeros datos la mortalidad se concentró más en edades superiores a los 65 años, las muertes generaron una caída significativa en los ingresos familiares de los hogares afectados, además de crear en muchos casos, ante sistemas de salud deficientes; deudas financieras por la atención de los enfermos.

Las regiones semi urbanas o rurales con menores condiciones de acceso y movilidad, se vieron afectadas por la pandemia más tardíamente y la velocidad de contagio fue menor. Sólo ocurrió lo contrario en países como la India en que, a partir de la contención sanitaria se obligó masivamente a regresar a sus poblaciones a personas que ya se encontraban contagiadas en las grandes ciudades.

En países como México, no hemos terminado de medir y, peor aún, no estamos midiendo ni analizando con rigor, los impactos y consecuencias negativas de la pandemia en todos los grupos y en especial los de mayor vulnerabilidad, así como nuevos grupos vulnerables (mujeres viudas o niños huérfanos). Tampoco tenemos suficientemente claro el efecto en los hogares en los que se perdieron empleos y que aún no han sido recuperados y que probablemente se recuperen con ingresos menores.

Una posible muestra de estos efectos está en la caída del consumo interno que se encuentra en niveles similares a los de mayo de 2016.

Requerimos análisis serios y profundos para construir políticas públicas proactivas, qué más allá de la retórica, genuinamente apoyen a los sectores que han sido más afectados.

raul@martinezsolares.com.mx

Raúl Martínez Solares

CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo

Economía Conductual

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

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