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Efecto contraproducente
La productividad y competitividad no aumentan por decreto ni porque existan leyes que así lo determinen. Si el gobierno quiere que así sea, debe quitar barreras.
En la mente de muchos mexicanos existe la idea de que poco sirve tener más y más leyes cuando la mayoría no las respeta ni las cumple; cuando son tan ambiguas o abiertas a la interpretación, que en muchos casos, provocan procesos y resultados diferentes a su objetivo.
Hace unos días, el presidente envió una iniciativa de ley a la Cámara de Diputados para impulsar el incremento sostenido de la productividad y la competitividad en la economía nacional . Así de largo es el nombre como grande es la pretensión de darle al gobierno mayor facultad para planear e intervenir en la vida económica del país.
Como ha indicado el analista Macario Schettino, la estructura de esta ley se parece mucho a la de la Ley de Planeación que deriva de los artículos 25 y 26 de la Constitución. Esto de entrada resulta contraproducente con el supuesto espíritu de incrementar la productividad y competitividad, para lo cual, la condición fundamental es la libertad.
La función del gobierno es garantizar que las reglas del juego sean lo más simples posible, que se apliquen para todos y que existan las condiciones de libertad para que el mercado funcione como proceso de intercambio en el que todos los agentes involucrados interactúan de manera espontánea buscando satisfacer sus necesidades y maximizar su valor, generando naturalmente riqueza y empleos.
Cuando el gobierno en su función de árbitro quiere asumir un papel más amplio para intervenir la economía e imponer criterios que artificialmente aumenten la productividad y competitividad es cuando el mercado como proceso empieza a tener fallas evidentes.
Tal como afirma Arturo Damm, la productividad consiste en la capacidad de hacer más con menos y la competitividad es la capacidad de hacerlo mejor que los demás. En el caso de un país, de atraer, retener y multiplicar inversiones directas y en el caso de la empresa hacer lo que se hace en términos de precio, calidad y servicio mejor que los demás.
Es evidente que todo esto no sucede por decreto ni porque existan leyes que así lo determinen. Si el gobierno quiere que así sea, entonces que quite barreras, obstáculos, regulaciones y trámites para hacer atractiva la formalidad, la inversión, y para que permita generar las condiciones para que miles de jóvenes puedan emprender y crear más empleos. Sólo así se logrará el objetivo que supuestamente motiva el espíritu de esta ley, de lo contrario, el efecto será contraproducente.
Twitter: @armando_regil