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Desde la anexión de Texas hasta el interés por Groenlandia: ¿Cómo Estados Unidos ha construido su mapa?
Estados Unidos reactivó el debate internacional sobre la adquisición de territorios tras confirmar que la Casa Blanca considera distintas opciones -entre ellas el uso de la fuerza- para incorporar Groenlandia, una región semiautónoma perteneciente al Reino de Dinamarca.

Donald Trump ha mostrado interés por Groenlandia desde su primer mandato.
Estados Unidos reactivó el debate internacional sobre la adquisición de territorios tras confirmar que la Casa Blanca considera distintas opciones -entre ellas el uso de la fuerza- para incorporar Groenlandia, una región semiautónoma perteneciente al Reino de Dinamarca.
Este interés, impulsado nuevamente por el presidente estadounidense, Donald Trump, ha sido justificado como una “prioridad de seguridad nacional” debido a la ubicación estratégica de la isla en el Ártico y a sus recursos naturales.
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A pesar de que la propuesta ha sido rechazada por Dinamarca, Groenlandia y varios aliados europeos, deja en el aire una pregunta importante y es, ¿Qué territorios ha adquirido Estados Unidos a lo largo de su historia y bajo qué mecanismos?
Los territorios que ha adquirido Estados Unidos
La compra de Luisiana
La compra de Luisiana marcó el inicio de la gran expansión territorial de Estados Unidos. En 1803, el gobierno estadounidense, liderado por el presidente Thomas Jefferson, adquirió de Francia un extenso territorio por 15 millones de dólares, en una negociación con Napoleón Bonaparte.
Esta operación incorporó cerca de 1.3 millones de kilómetros cuadrados, los cuales hoy comprenden alrededor de 15 estados del país norteamericano desde Luisiana hasta Montana.
El interés estadounidense era principalmente estratégico y económico. Controlar el río Misisipi y el puerto de Nueva Orleans era vital para el comercio agrícola y para evitar que una potencia europea dominara el centro del continente. Por otro lado, para Francia, la venta representó una oportunidad para financiar sus guerras en Europa y desprenderse de un territorio difícil de defender.
Esta compra duplicó el tamaño del país y consolidó a Estados Unidos como potencia continental.
La adquisición de Florida
Florida pasó a manos de Estados Unidos mediante el Tratado Adams-Onís, firmado con España en 1819 y ratificado en 1821.
A pesar de que no hubo una compra directa en efectivo, Washington asumió reclamaciones por 5 millones de dólares de ciudadanos estadounidenses contra la Corona española, lo que en la práctica funcionó como una compensación económica.
Esta adquisición respondió a una combinación de factores estratégicos y de seguridad, ya que, Florida se había convertido en un foco de conflictos fronterizos, refugio de grupos hostiles y un punto débil en la defensa del sureste estadounidense.
Con este acuerdo, Estados Unidos aseguró su frontera suroriental y redujo la influencia europea en la región.
Incorporación de Texas
A pesar de que Texas no fue comprado, su incorporación refleja la lógica expansionista de Estados Unidos en el siglo XIX.
Tras independizarse de México en 1836, la República de Texas existió como estado independiente durante casi una década, hasta que en 1845 fue anexionada por Estados Unidos mediante una resolución del Congreso.
Esta anexión estuvo motivada por la doctrina del Destino Manifiesto, que defendía la expansión estadounidense hacia el oeste. A pesar de que no implicó un pago económico, el ingreso de Texas agravó las tensiones con México y fue uno de los detonantes de la guerra entre ambos países.
La Cesión Mexicana y el Tratado de Guadalupe Hidalgo
Tras la guerra entre México y Estados Unidos, el Tratado de Guadalupe Hidalgo, firmado en 1848, selló una de las mayores transferencias territoriales del siglo XIX ya que, México cedió más de 525,000 millas cuadradas las cuales hoy incluyen California, Nevada, Utah, Arizona y partes de Colorado, Nuevo México y Wyoming a cambio de 15 millones de dólares y el pago de reclamaciones económicas.
A pesar que este acuerdo incluyó un pago, la cesión se dio en un contexto de derrota militar, por lo que muchos historiadores la consideran una compra forzada.
Para Estados Unidos este tratado significó el acceso definitivo al océano Pacífico y el control del suroeste del continente; para México, representó la pérdida de cerca de la mitad de su territorio original.
La compra de Gadsden
En 1853, Estados Unidos volvió a negociar con México la adquisición de territorio mediante la llamada Compra de Gadsden, por la cual pagó 10 millones de dólares por cerca de 30,000 millas cuadradas en el sur de Arizona y Nuevo México.
El objetivo principal fue facilitar la construcción de un ferrocarril transcontinental con una ruta más viable desde el punto de vista geográfico. Aunque se trató de una compra relativamente pequeña en comparación con adquisiciones anteriores, tuvo un alto valor estratégico para la integración económica y de transporte del país.
La adquisición de Alaska
La compra de Alaska a Rusia en 1867 es uno de los casos más emblemáticos de expansión territorial por vía económica. Estados Unidos pagó US$7,2 millones por un territorio de 586.000 millas cuadradas, en una operación promovida por el secretario de Estado William H. Seward.
En su momento, la adquisición fue duramente criticada y conocida como “la locura de Seward”. Sin embargo, con el tiempo Alaska se consolidó como un activo estratégico clave por sus recursos naturales entre ellos oro, petróleo y gas, además de su ubicación en el Ártico, especialmente durante la Guerra Fría.
El territorio se convirtió en estado en 1959.
Islas Vírgenes de Estados Unidos
En plena Primera Guerra Mundial, Estados Unidos compró a Dinamarca las Indias Occidentales Danesas por 25 millones de dólares en oro, incorporando las actuales Islas Vírgenes estadounidenses. La operación buscaba evitar que Alemania pudiera utilizar el archipiélago como base naval en el Caribe.
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Esta adquisición reforzó la presencia militar estadounidense en una región clave para la defensa del Canal de Panamá y el control de las rutas marítimas del Atlántico occidental; este es uno de los precedentes más claros de una compra territorial a Dinamarca, frecuentemente citado en el debate actual sobre Groenlandia.
Hawái
Hawái fue anexado por Estados Unidos en 1898 tras un golpe de Estado contra la monarquía local, respaldado por intereses económicos y militares estadounidenses. A pesar de no haber una compra formal, hubo una incorporación política que consolidó el control de Washington sobre un punto estratégico del Pacífico.
Esta anexión respondió a la necesidad de contar con una base naval clave -Pearl Habor- y facilitar la proyección de poder hacia Asia. Hawái se convirtió en estado en 1959, aunque su anexión sigue siendo objeto de debate histórico y político.
Filipinas
Estados Unidos adquirió Filipinas en 1898 como resultado directo de la guerra hispano-estadounidense, un conflicto que marcó el ingreso formal de Washington en el escenario imperial global. Tras la derrota de España, ambos países firmaron el Tratado de París, mediante el cual España cedió Filipinas a Estados Unidos a cambio de 20 millones de dólares.
Para Estados Unidos, la adquisición no solo representaba una victoria militar, sino una oportunidad estratégica para proyectar su poder en Asia y competir con otras potencias coloniales de la época.
La incorporación de Filipinas no fue pacífica. Poco después de la firma del tratado, estalló la guerra filipino-estadounidense, cuando sectores independentistas rechazaron el nuevo dominio extranjero tras más de tres siglos de colonialismo español.
El conflicto, que se extendió hasta 1902 y dejó cientos de miles de muertos, consolidó el control estadounidense sobre el archipiélago. Durante décadas, Filipinas fue administrada como territorio colonial hasta que, en 1935, se estableció un gobierno autónomo bajo tutela de Estados Unidos.
La independencia formal llegó en 1946, tras la Segunda Guerra Mundial, cerrando uno de los capítulos más controvertidos del expansionismo estadounidense.
Puerto Rico y Guam
Tras la Guerra Hispano-Estadounidense, el Tratado de París de 1898 otorgó a Estados Unidos el control de Puerto Rico y Guam. Aunque no se trató de compras directas, estos territorios fueron cedidos como parte de las condiciones impuestas a España tras su derrota.
Ambos territorios fortalecieron la presencia estadounidense en el Caribe y el Pacífico, ampliando su influencia militar y comercial. Puerto Rico y Guam continúan siendo territorios estadounidenses hasta hoy.
Panamá y la adquisición estratégica de Estados Unidos
Aunque Panamá no fue adquirida formalmente mediante una compra tradicional, numerosos historiadores sostienen que la separación de 1903 funcionó, en la práctica, como una adquisición estratégica por parte de Estados Unidos.
Tras el fracaso del Tratado Hay-Herrán con Colombia, Washington respaldó activamente la independencia panameña para garantizar el control del territorio necesario para construir el Canal de Panamá, una infraestructura clave para el comercio y el poder naval estadounidense.
Pocos después de la separación, el Tratado Hay-Bunau Varilla concedió a Estados Unidos el control perpetuo de la Zona del Canal a cambio de 10 millones de dólares y un pago anual de 250,000 dólares.
Ese territorio operó durante décadas como un enclave estadounidense, con soberanía de facto, presencia militar y administración propia, lo que refuerza la tesis de que Panamá fue, más que un aliado, el resultado de una “compra política” que permitió a Washington asegurar uno de los activos geoestratégicos más valiosos del siglo XX.
El interés de Estados Unidos por Groenlandia
El interés de Estados Unidos por Groenlandia ha resurgido con fuerza bajo el argumento de la seguridad nacional y la competencia geopolítica en el Ártico.
La administración de Donald Trump afirmó que adquirir la isla era una prioridad estratégica, aludiendo a su ubicación clave, su cercanía a rutas marítimas emergentes y la presencia de minerales críticos para la industria tecnológica y militar.
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Aunque Estados Unidos ya mantiene una base militar en Groenlandia, la posibilidad de una adquisición formal ha generado un fuerte rechazo de Dinamarca y de los propios groenlandeses; líderes europeos han reiterado que la isla no está en venta y que cualquier decisión debe respetar el derecho internacional, mientras que encuestas locales muestran oposición mayoritaria a convertirse en territorio estadounidense, reavivando el debate sobre los límites del expansionismo en el siglo XXI.



