Termina la primera mitad del año 2020 y los titulares más importantes de las noticias mencionan que la pandemia de Covid-19 ha rebasado 10 millones de contagios y se han alcanzado medio millón de decesos a nivel mundial. Las noticias económicas tampoco son muy alentadoras pues la cantidad de corporativos globales que han comenzado los procedimientos para declararse en quiebra va en aumento, y ni que decir sobre los negocios que han cerrado sus puertas temporalmente y menos de los que no volverán a abrir. En contraste, las noticias financieras muestran que los principales índices accionarios han ido en aumento en los últimos tres meses, incluso hay algunos que en semanas anteriores alcanzaron los niveles de inicio de año.

A principios de marzo, los movimientos de los mercados financieros se caracterizaban por adelantarse a lo que sucedía en la economía real, en este caso la velocidad del repunte en el mercado accionario dista mucho de lo que será una pausada recuperación económica.

¿A qué se debe esta diferencia? La narrativa financiera generada por el Covid-19 ha dicho que este problema es más grave que la crisis SubPrime del 2008, a partir de aquí, y como ya se estaba acostumbrado, los gobiernos de la mayoría de los países y sus bancos centrales, adoptaron medidas para sobrellevar esta problemática y poder superarla. Como se esperaba, se pusieron en marcha programas para inyectar dinero a la economía mediante transferencias directas a los individuos y transferencia a las empresas para sobrellevar los cierres parciales. Por su parte, los bancos centrales no han escatimado en los programas de recompra de activos y en implementar políticas monetarias laxas disminuyendo sus tasas de referencia a niveles mínimos. Estas medidas obviamente han suavizado los efectos económicos negativos de esta pandemia, pero: ¿a dónde se han ido esas grandes cantidades de liquidez?

Una gran diferencia que tiene la crisis actual respecto a las anteriores es que ahora el problema se genera por una disminución significativa en la demanda de bienes, las medidas de distanciamiento social y el temor de los consumidores a un contagio ha hecho que el consumo disminuya a niveles nunca antes vistos. Esto aunado a una percepción negativa del futuro económico hace que los individuos dejen de gastar y aumente la cantidad de ahorro en el mundo, lo cual aumenta el precio de los instrumentos de inversión como acciones y bonos.

De igual manera, el otro gran factor que ha impulsado los niveles de los índices accionarios es la especulación. No hay que desestimar que un porcentaje importante de los programas de liquidez va directamente a los mercados financieros y estos han reaccionado a las medidas de los bancos centrales. De hecho, el nivel minimo del S&P500 se alcanzó justo antes de los primeros anuncios de programas de recompra e inyección de liquidez de la Fed.

De acuerdo con los movimientos del mercado en las últimas semanas parece que el apetito por acciones continúa, aún hay mucho dinero esperando un buen momento para comprar acciones, el mayor riesgo que detiene a los inversionistas es que existan rebrotes que puedan volver a generar medidas estrictas de distanciamiento, en dicho caso, quizá se esperen más medidas de ayuda que podrán darle ánimo a la especulación para mantener los precios sin caer.

*El autor es Asset Management - VP Productos Estructurados.

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