El año concluye con señales mixtas; por un lado, se aprecian aspectos que presuponen que la economía mexicana podría iniciar su recuperación luego de tres años difíciles, por el otro lado, hay elementos que presuponen indicios de estancamiento que se aparejan con niveles altos de inflación. Al inicio del actual gobierno, el componente vital del crecimiento; la inversión se encontraba en descenso. Si bien la economía creció 2.5% en el último año del sexenio pasado, no existían señales que presumieran un aumento en la inversión. Una vez iniciada la actual administración la economía bajo de 2.5 a 0%; el segundo año, la caída fue de 8.9%, para este año podríamos estar creciendo alrededor de 5.4 por ciento. Estas circunstancias hacen imperativo comenzar ya a crecer para revertir las consecuencias adversas que, naturalmente, conllevan 3 años con dificultades económicas. Cuando se presentan episodios prolongados de niveles bajos de inversión tanto pública como privada, pueden surgir deterioros estructurales en las economías difíciles de revertir. En nuestro caso, este componente representaba 22% en el 2018 al menos 3 puntos por debajo de lo requerido para alcanzar niveles de crecimiento, por ejemplo, de 4% anual, sin embargo, en estos momentos llegamos a 17.8 por ciento. Hasta el momento, los principales elementos que han mantenido en marcha a la economía mexicana son fundamentalmente externos. En efecto, las exportaciones de nuestros productos principalmente a EU y, las remesas, notoriamente representan buena parte de lo que ha venido sosteniendo a nuestra economía.

El efecto del Covid, hasta el momento, ha impedido que el turismo, por citar un ejemplo, aporte su parte al desarrollo. Hasta el momento se ha reconocido poco, pero el gasto de gobierno, sobre todo, el orientado a los programas de asistencia social, es un elemento adicional que apoya el consumo. Las transferencias de gobierno a las personas marginadas, las exportaciones y las remesas han impedido que los efectos adversos del largo confinamiento fueran mayores. Adicionalmente, es pertinente afirmar que el gobierno del presidente López Obrador ha tenido un aporte importante para que, si bien las circunstancias han limitado el crecimiento, exista estabilidad lo que proporciona una base fuerte para emprender una recuperación hacia adelante. La disciplina fiscal ha sido determinante para mantener la calificación soberana, amortiguar la volatilidad de los mercados y evitar daños irreparables producto del Covid. Es el momento, entonces, para aprovechar esta estabilidad y la disciplina gubernamental en las finanzas públicas para enfrentar los desafíos que presentará el 2022. Nuestro país no está en cero, ni en crisis, pero requiere crecer con sus propios elementos internos usando los exógenos como lo que son, un complemento. El reto está en mantener la estabilidad macroeconómica con la misma importancia con la que debemos tomar todas las medidas posibles para aumentar la inversión, ello será la vacuna que protegerá al país de la inestabilidad en los mercados que estará presente el año entrante.

Carlos Alberto Martinez Castillo

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho y Filosofía

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaría de Hacienda, la Presidencia de la República y en Washington, DC. Autor de libros en historia económica, regulación financiera, política monetaria, economía y ética.

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